Noventa años del fracaso de la República
"Si los militares se van a levantar, yo me voy a acostar". Lo dijo y lo hizo: se fue a la cama y al día siguiente se produjo el golpe de Estado de Francisco Franco. En la historia habrá pocas frases más desafortunadas que esa, pronunciada en la víspera del 18 de julio de 1936 por un político gallego, Santiago Casares Quiroga, primer ministro del Gobierno, con Manuel Azaña como presidente de la II República. De forma inmediata, cuando el golpe de Estado ya había apuñalado a la República, Casares Quiroga presentó su dimisión porque, además de primer ministro, también era el titular del Ministerio de la Guerra. Y no se había enterado de nada o, mejor, lo había ignorado todo.
Las consecuencias de aquella jornada están grabadas en la mente de todos: triunfó el golpe franquista que acabó con la democracia republicana, dejó cientos de miles de muertos en España en los tres años que duró la Guerra Civil y cuatro décadas de oscuridad que nos sumieron en un retraso que, sólo con el regreso de las libertades, pudo superarse. Esa inmensa atrocidad es de la que se cumplen noventa años y el recuerdo, hoy, de la delirante frase de Casares Quiroga sólo persigue recordarnos que este aniversario lo es también del fracaso de la República.
Esta verdad, incuestionable y documentada, es la que nunca se menciona, la que se oculta, se tapa o se desfigura para convertir la II República en el régimen idílico que nunca fue. Un disparate completo que se despeñó, inconscientemente, por el radicalismo y la violencia política, una violencia asesina. Llega el 18 de julio y, pese a que ya nadie lo........
