Aguas fecales estancadas
Para gobernar un país hay que servir (no digamos para ser un líder internacional). También hay que servir para ejercer de forajido y salir indemne. José Luis Rodríguez Zapatero es un hombre común que, como la mayoría de las personas comunes, no sirve para ninguna de esas dos cosas. La vida lo puso en disposición de intentar ambas (no a la vez, sino sucesivamente) y pasó lo que suele pasar cuando te apuntas a ligas que superan tus capacidades.
Fracasó como gobernante cuando las cosas se pusieron hostiles de verdad y hubo que pasar de las leyes bonitas a la crisis más destructiva desde el crack del 29; en la escena mundial no fue líder de nada, sino más bien instrumento de otros; finalmente, fracasó como conseguidor de altos vuelos cuando intentó monetizar a lo grande su agenda de contactos y, a la vez, seguir luciendo y mandando en la política de su país y en la de su partido. Mucho para un gigante, demasiado para un peso ligero.
En este trance, al expresidente lo benefician de momento su aureola de referente moral de no se sabe qué y la delicadeza con que lo viene tratando el juez instructor, dentro de la precisión quirúrgica de sus autos y actuaciones.
José Luis Calama es lo contrario de un juez con vocación de estrella; no busca golpes de efecto, mide sus pasos y no se desorienta. Por eso y porque es consciente de lo que significa imputar a un expresidente se abstuvo de requisar el teléfono de Zapatero o retirarle el pasaporte, rechazó registrar su domicilio, sus hijas no están imputadas por el momento y, también por el momento, le permite moverse libremente. Humillaciones, las justas en un caso que, de por sí, ya es bastante humillante para el sujeto........
