¿Cuándo dejó de pensar la izquierda?
Conozco a personas de acreditada integridad moral que se disponen a votar a un Gobierno capaz de intentar contratar una banda de narcos para que le parta las piernas -o algo peor- a una jueza de instrucción.
Conozco a catedráticos de Derecho Constitucional que abdican de los fundamentos de la democracia parlamentaria que enseñaron durante años en las aulas: por ejemplo, la obligación ineludible de presentar anualmente un proyecto de Presupuestos del Estado o el principio según el cual un Gobierno sólo puede subsistir mientras cuenta con la confianza del Parlamento; y cuando un Parlamento es incapaz de sostener un Gobierno, hay que sustituir al Parlamento mismo mediante el sufragio universal.
Conozco a votantes pertinaces de la izquierda de inspiración podémica -la que llegó a agrupar 5 millones de votantes que se declaraban "indignados" y denunciaban que los partidos del establishment "no nos representan"- que conviven confortablemente con una dosis indigerible de episodios de corrupción incubados en la misma cúpula de poder en la que se han incrustado sus partidos de referencia. Hoy, quien afirma que el Parlamento no representa a la sociedad es el individuo que ocupa la presidencia del Gobierno desde hace ocho años, investido por ese mismo Parlamento.
Conozco a veteranos sindicalistas que impulsan sin hacer preguntas una huelga general concebida por el Gobierno, dizque en protesta por problemas (la escasez de viviendas, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el colapso de los servicios públicos, el desamparo de la población joven) que este Gobierno ha contribuido decisivamente a agravar.
Dada la fecha elegida para la movida (veinte días antes de las elecciones generales), esta es exactamente lo que parece: un acto descarado de campaña electoral. Además, esa convocatoria de inspiración gubernativa contiene una interpretación sospechosa de la legitimidad de origen en la democracia: los huelguistas del 11 de noviembre........
