En busca del progreso perdido
Hace mucho tiempo que tengo la sensación de que no damos importancia a las palabras. Muchas de las personas que ocupan el espacio público parece que lo hacen a menudo, demasiado, sea de forma inconsciente (usando una palabra y la contraria para describir el mismo hecho o calificar a un mismo oponente en el mismo momento) o sea con malvada intencionalidad.
A todos ellos se lo permitimos y nadie les corrige con contundencia, salvo denuncia. Así unos se llaman a otros, por ejemplo, fascistas o corruptos, sin atender a lo que significan de verdad las palabras. Se banaliza el significado real dando prioridad a lo que pueden entender otros.
Esto hace realmente difícil respetar a muchas de las firmas que ocupan la prensa, las tertulias y, por supuesto, al noventa y nueve por ciento de los políticos.
Pero la verdad es que yo no me rindo ante este ataque a la semántica. No quiero rendirme. Y por ello obligaría a televisiones y medios a interrumpir a los intervinientes en cualquier medio, recordándoles el significado de las palabras y, si el medio es escrito, a aclararlo con un asterisco. Así el que escucha........
