El arte de dominar el tiempo
Debemos a window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); El momento maquiavélico de John Pocock la conceptualización de la política moderna como la interminable interacción - no necesariamente consciente - entre un poder que lucha por imponerse y un tiempo que se resiste y está en fuga permanente. Tiempo para absorber la tradición que se hereda. Tiempo para afrontar la innovación y para vencer lo ignoto. Poderío para gobernar el tiempo, para enseñorearse de él, para dominarlo y atarlo a una voluntad. Para, sentencia el Príncipe -capítulo XXV- "batter et urtar la Fortuna" hasta conseguir someterla ("tenerla sotto").
La monarquía parlamentaria (art. 1.3 CE) es un régimen de tiempo en el que sólo el rey dispone de tiempo propio. El monarca es vitalicio y se enmarca en una Constitución en la que todos los poderes ven limitado su tiempo.
Tiempo máximo y término para cada legislatura (arts. 68. 4 y 69.6 CE). Tiempo exacto para obtener la confianza que soporta la investidura del presidente (art. 99.5 CE). Tiempo para fijar presupuestos anuales (art. 134.2 CE). Tiempo para llevarlos a la práctica gobernando.
Investido de la confianza del Congreso, el presidente estructura temporalmente la acción dirigida a realizar la política (art. 97.2 CE) que las Cortes aprueban en clave presupuestaria y que tiene su arma decisiva en la disolución: el gran secreto para dominar el tiempo (art. 115 CE).
La disolución permite mantener la iniciativa. Jugar con blancas en el lábil ajedrez de la política y condenar al adversario a seguir el ritmo propio. Es el contrapeso........
