Sánchez, Maquiavelo y la moderna teoría del poder
Medir la verdadera dimensión del poder es, probablemente, uno de los ejercicios intelectuales más complejos. Entre otras muchas razones, porque el poder carece de identidad propia. Es observable, pero no es medible. El poder, de hecho, aparentemente, siempre es igual, ya que se manifiesta a través de una cierta jerarquía, pero también es diferente en función de la subjetividad que incorpora la interpretación de una misma correlación de fuerzas. Para complicar más las cosas, se articula a través de múltiples expresiones, lo que le hace todavía menos mensurable.
El poder, como se sabe, puede ser de carácter coercitivo (basado en la fuerza), cultural, religioso y, por supuesto, político, económico o inspirado en el imperio de la ley, que es, seguramente, la forma de poder más reconocible. Pero lo que está claro es que el poder cambia su naturaleza en función de innumerables variables, incluso con el tiempo. El concepto de poder en el siglo XIX era muy distinto al del siglo XX, cuando los totalitarios reinterpretaron el poder en términos absolutistas.
También en el siglo XXI ha mutado el concepto de poder al aparecer, a través de las nuevas tecnologías de la información, nuevos instrumentos de dominación. Más sutiles y, sobre todo, más sofisticados a través de la técnica de la alienación, un término hoy en desuso, pero que en la primera mitad del siglo XX se vinculó a la opresión de carácter cultural, aunque anteriormente los primeros publicistas del siglo anterior lo relacionaron con las relaciones de producción. O expresado de otra forma, la dialéctica trabajo-capital. El poder del empresario frente al del trabajador. La dominación frente a la emancipación.
El gran cambio que se produce en el siglo XX, sin embargo, aunque hay casos anteriores, es la construcción de normas constitucionales, cuyo rasgo esencial es que vinieron a regular normativamente el ejercicio del poder, un propósito que iba más allá de la mera separación........
