La peor Europa sale de la madriguera
El caso de Donald Trump es el más llamativo, aunque, desde luego, no el único. Lo singular es que también muchos gobiernos europeos han decidido pescar en idénticos caladeros, lo que explica la reacción de Meloni y otros primeros ministros, que, como ha escrito Nacho Alarcón en este periódico, han optado por pasar factura de viejas rencillas entre ejecutivos europeos. En particular, en un asunto especialmente relevante, como son los flujos migratorios. No sería preocupante si no fuera porque, por ganar unos votos en plena ascensión de las posiciones xenófobas, lo que está en crisis es la gestión de las fronteras de la propia Unión Europea desde una posición común, no partidista ni electoralista.
Curioso, en este sentido, que algunos gobiernos europeos ataquen al país agredido —España— y no mencionen al país origen de la agresión. Como si se acusara a los ucranianos de la invasión de su país. Otros, incluso, como Israel, a través de su embajador en Naciones Unidas, cuestionan la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla. De nuevo, como si Trump dijera que quiere quedarse con Groenlandia, que lo ha dicho, y la comunidad europea mirara hacia otro lado porque Dinamarca, es un decir, pertenece a África.
El Gobierno español no ha querido hacer sangre con Marruecos y ha preferido culpar a lo que llama 'mafias' por razones obvias. Una escalada de la tensión con Rabat, aliado preferente de EEUU e Israel, hubiera creado nuevos problemas de difícil solución, y de ahí que Sánchez —en plena ostpolitik con Argelia tras el error de haber traicionado a los saharauis— haya querido formular una mentira piadosa que ni él mismo cree. Según esa angelical versión, las mafias habrían movilizado a decenas de miles de jóvenes que, tras el correspondiente toque de corneta, han........
