La conspiración de los malvados (de la IA)
Fue el actor británico Sir Lawrence Olivier, a quien acompañó durante la lectura de una obra Aaron Copland, músico estadounidense de origen ruso-judío, quien el 26 de junio de 1945 leyó —aquí se puede escuchar— el Preámbulo de la Carta de Naciones Unidas, en San Francisco. La Carta culminó 60 días de frenéticas reuniones en las que participaron cincuenta países, algunos recién constituidos como Estados. Cinco naciones, EEUU, la Unión Soviética, China, Francia y Gran Bretaña, llevaron la iniciativa, y así fue como comenzó a andar Naciones Unidas después de que los firmantes hubieran ratificado los acuerdos en sus respectivos parlamentos nacionales. Muchos consideran aquella firma como la carta fundacional de las democracias liberales después de los tortuosos años 30 y primeros 40, cuando el mundo se sumergió en guerras monstruosas para frenar las ansias totalitarias de Alemania.
Un año antes, en pleno verano de 1944, los delegados de 43 países se reunieron en Bretton Woods, en el estado de New Hampshire, con el fin de crear una nueva arquitectura económica mundial. Así es como nacieron, con el apoyo expreso de países como China o Irán, instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Henry Morgenthau, el secretario del Tesoro de EEUU, y aunque ya se divisaba la derrota del nazismo, no se anduvo por las ramas. “El desconcierto y la amargura que resultaron de la depresión [de 1929] se convirtieron en caldo de cultivo para el fascismo y, finalmente, para la guerra”, dijo en su discurso de apertura. Había nacido un nuevo orden económico en torno al dólar. Las naciones, en ambos casos, buscaban cooperar para salir del terrible atolladero.
Ochenta años después, el mundo ha quebrado las instituciones que vio nacer tras la guerra. No será gratis. Las grandes organizaciones multilaterales agonizan hoy, empezando por la propia ONU, mientras que otras, como el FMI o el Banco Mundial, tienen cada vez menos participación en la estabilización de los desequilibrios macroeconómicos de los países miembros. China, de hecho, con su política de inversiones, influye más en muchas economías que el propio FMI, mientras que la falta........
