El viaje de los malditos, otra vez
En El viaje de los malditos, una vieja película estrenada en 1976, Stuart Rosenberg, el director, recupera una historia real ocurrida en 1939, cuando un transatlántico alemán, el Saint Louis, cargado con 937 pasajeros, la mayoría judíos, emprende un viaje a Cuba desde Alemania. Los nazis lo habían dejado zarpar del puerto de Hamburgo como un acto de propaganda, pero cuando arriba en La Habana las autoridades cubanas, presionadas por Berlín, niegan al buque el visado de entrada. El barco, obligado por las circunstancias, da la vuelta y en un viaje lleno de desesperanza y agobio por un futuro incierto comprueba fatalmente que ningún Gobierno, tampoco el de EEUU, da permiso para que atraque en sus costas. Ya en Europa, los gobiernos de Francia, Inglaterra, Bélgica y Holanda conceden finalmente el desembarco tras duras negociaciones con la tripulación, pero ya era demasiado tarde para salvar sus vidas. Hitter, al comienzo de la II Guerra Mundial, había aplastado Europa y la mayoría de los pasajeros, unos 600, acabarían asesinados en campos de concentración. Simplemente, como dice el capitán del barco, por ser judíos.
El viaje de los malditos, como se denominó en España, no es más que la metáfora de aquel tiempo horrible, pero comienza a parecerse al nuestro. Desde luego, no con la intensidad de aquellos años. Ni siquiera los protagonistas son los mismos. Pero una vez más la historia se repite. Eso sí, como casi siempre ocurre, con algo de farsa, como corresponde a un tiempo lleno de retórica vacía en el que los........
