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El grano y la paja

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16.08.2026

Ha tenido cierto recorrido un artículo publicado recientemente por Josep Borrell en El País que tituló La pólvora y la mecha y que, en síntesis, abunda en las razones que explican que decenas de miles de jóvenes hubieran decidido entrar en tropel en Ceuta hace dos semanas en busca de no se sabe muy bien qué, habida cuenta de que a las pocas horas la gran mayoría abandonó la ciudad autónoma por donde había entrado.

La tesis central de la tribuna es que no basta que la economía de un país crezca para satisfacer las demandas de sus ciudadanos, sino que hay factores que van mucho más allá que explican el descontento y hasta la frustración social. Nada nuevo bajo el sol. Lo interesante, sin embargo, es que Borrell pone el acento en las insuficiencias de los indicadores macroeconómicos para entender lo que pasa y, por ende, las razones que explican determinadas reacciones sociales.

El último informe del FMI sobre Marruecos le da la razón al político catalán. El PIB de Marruecos avanzó el año pasado un 4,8% impulsado por la recuperación de los precios agrícolas y, sobre todo, por el desarrollo de las infraestructuras, que ha hecho que Marruecos sea uno de los países del mundo con mayor inversión pública y privada. En paralelo, la inflación —se espera un 1,3% anual— se mantiene baja y la balanza de pagos no presenta grandes desequilibrios debido a la fuerte entrada de ingresos turísticos. Tampoco el déficit público está creciendo de forma relevante pese al desarrollo de las infraestructuras públicas, en particular en carreteras, obras relacionadas con la celebración del mundial de fútbol en 2030, puertos y aeropuertos. La mejora de su calificación crediticia a grado de inversión por parte de S&P refleja, por último, una sólida confianza de los inversores. En definitiva, la economía, formalmente, va bien, lo que deja entrever que están fallando, además de la gestión de las expectativas, los indicadores de cohesión social y de satisfacción con la arquitectura político-institucional del país. Principalmente, entre los jóvenes.

Marruecos, desde luego, no es un caso singular. También en los países avanzados se está produciendo........

© El Confidencial