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Los novios de Federico García Lorca: relato real vs. relato de ficción

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23.09.2026

El género de las biografías e historias noveladas ha gozado de mucha popularidad en años recientes y, como era previsible, un porcentaje del público lector ha tomado estos textos al pie de la letra, olvidando que la palabra novela implica, por definición, el concepto de ficción. Es, por supuesto, perfectamente lícito para cualquier novelista crear su propia versión imaginativa de sucesos protagonizados por figuras históricas, pero surgen problemas cuando se empieza a citar el texto novelístico como fuente biográfica o el mismo autor afirma o exagera la historicidad fidedigna de su relato. Tal parece ser el caso en la composición y recepción de Los amores oscuros (1ª ed. 2012, 2ª ed. 2026) de Manuel Francisco Reina, que nos ofrece una versión novelada de la relación entre Federico García Lorca y Juan Ramírez de Lucas. La inclusión de numerosos puntos de referencia históricos y de múltiples personajes reales no modifica la condición de su género literario: se trata de una obra de ficción. Además, la cronología adoptada, y muchos de los sucesos narrados, no se ajustan a la biografía de Lorca, ya muy amplia y cuidadosamente documentada (por Ian Gibson y un larguísimo etcétera), y se sitúan inevitable y exclusivamente en la esfera de la imaginación.

Repasemos, con la mayor brevedad posible, el argumento de Los amores oscuros. Dentro de un marco típicamente novelístico, Rosa Alvargonzález, personaje ficticio, recibe la “confidencia”, igualmente ficticia, de Ramírez de Lucas, el último amante de García Lorca. Según la novela, Ramírez llega a Madrid hacia finales de septiembre de 1934 para asistir a unos cursos en la Academia Orad. A finales de octubre tropieza por azar con un panfleto que anuncia clases de teatro ofrecidas por el Club Teatral Anfistora, que depende del Lyceum Club Femenino. Ramírez se incorpora a los ensayos de Peribáñez y el comendador de Ocaña y, tiempo después, conoce, en ese ámbito, a Lorca. Por los rumores que corren en aquel entorno, Ramírez ya sabe que Lorca ha roto con Rafael Rodríguez Rapún. Más tarde se entera también de que Lorca había ido a Argentina, en el otoño de 1933, para superar el dolor de la ruptura.

Las dotes interpretativas de Ramírez impresionan a Pura Ucelay —la directora del club— y a Lorca, por lo que obtiene el papel de Peribáñez, mientras que Severino Mejuto encarnará al comendador y Margarita Ucelay a Casilda. Ese mismo día Lorca propone que Anfistora emprenda el montaje de Así que pasen cinco años. A finales de diciembre, en las horas........

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