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Samanta Schweblin, cuentista argentina, millón de euros español

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09.04.2026

Después de poner a trabajar a dos coordinadores, a diez periodistas culturales, a ocho jurados y a un número desconocido de “notarios y abogados” (sic), el premio Aena ha elegido como mejor libro de 2025 el mismo libro que yo les dije en diciembre desde este periódico que era el mejor del año. Hace falta un sinfín de trabajo y una supervisión propia de la UCO para que el mundillo literario aterrice en la decencia. Sólo tenían que haberme preguntado.

window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); El buen mal (Seix Barral), de Samanta Schweblin, ha obtenido el millón de euros de dinero público que, por el capricho de una empresa que gestiona aeropuertos, se ha decidido sortear entre los escritores. La obscenidad del galardón es manifiesta, pero resulta más desconcertante si tenemos en cuenta que la mayoría de los escritores (y, sobre todo, la mayoría de los escritores de algún éxito) no ha trabajado en su vida. Son señoritos.

David Uclés declaró en algún sitio que no había cotizado a la Seguridad Social hasta cumplir los 34 años; o sea, hasta que un libro le dio dinero. Este florecimiento fiscal yo lo he contemplado en otros autores, que cuando ganan un premio de decenas de miles de euros se sorprenden de que haya una cosa llamada Hacienda que se va a llevar una parte. No tenían ni idea. Estaban a lo suyo, ser poetas, ser literatura, vivir de alguien.

Los candidatos al AENA declararon el día de antes que iban a comprarse “un lavavajillas” o “un móvil” con el millón de euros. Otro dijo que se iba a jubilar. Todo sonaba pobrecito y de mucha miseria, cuando entre esos nominados se cuentan algunas personas de familia tan acaudalada que no han tenido que trabajar ni un sólo día de su vida en nada que no sea escribir sus libros. Así que la literatura española de señoritos y herederos, de pijos y niñatas, encuentra en el premio AENA su justa finalización: un millón de euros a sortear entre quien nunca lo ha necesitado.

La literatura española de señoritos y herederos encuentra en el premio AENA su justa finalización: un millón de euros a sortear entre quien nunca lo ha necesitado

De hecho, la única “pobre” de todos ellos yo creo que era Samanta, que vive en Berlín y daba allí talleres de escritura. Lo cierto es que entre todos los premios que ya ha ganado (50.000 euros en el Ribera del Duero de Narrativa Breve, por ejemplo), y las todas traducciones que acumula, y algunas películas, es probable que no estuviera viviendo debajo de un puente tudesco. Pero si había que cometer la atrocidad de dar un millón de euros a alguien (recuerden que todo un Premio Nacional de las Letras Españolas abona sólo 50.000 euros), ella era la mejor opción.

Ahora les voy a explicar muy sabrosamente por qué este premio no tiene sentido.

Imaginen que el capricho volandero de AENA girara dramáticamente el año que viene y se decidiera dar un premio, no a un libro, sino a una tortilla de patatas. AENA premiará en 2027 la mejor tortilla de patatas de España. Lo hará, como con los libros, minuciosamente, con miles de expertos, de foodies, de gastrónomos, de cocineros reputados y, claro, de “notarios y abogados”. Un millón de pavos.

Si había que cometer la atrocidad de dar un millón de euros a alguien, Samanta Schweblin era la mejor opción

Aquí la prensa entraría en ebullición etíope: ¿cómo le vas a dar un millón de euros a una tortilla de patatas? Y los defensores del AENA literario encontrarían fácilmente una defensa del AENA de las tortillas.

Primero, es cultura, la comida es cultura, y la tortilla de patatas es un símbolo de España. ¿Por qué no visibilizar la gastronomía patria y el trabajo de los hosteleros con un premio a la mejor tortilla? ¿Y por qué no dar un millón de euros, si justamente por el relumbrón de la cifra todo el mundo se fijará en la mejor tortilla de patatas que hay en España?

Luego la tortilla desbordaría sus límites, pues no hablaríamos sólo de un pincho preciso o de un plato popular, sino de familias enteras en restaurantes agobiados por las deudas y a punto de cerrar, de tradiciones, de llegar a fin de mes, de dejar de contratar en negro. Hay cientos de motivos por los que darle un millón de euros de dinero público a un restaurante es una buena idea, como ven.

Esa sensación de obscenidad, de ridículo, de arbitrariedad nos desazona a muchos con un premio que regala un millón de euros a un libro

Sin embargo, usted sólo piensa en la tortilla, en cómo esa tortilla puede haber recibido un millón de euros, cuando no cuesta nada hacerla y hay miles, millones de tortillas por toda España y a ninguna de ellas les ha dado nadie un euro de dinero público nunca.

Pues esa sensación de obscenidad, de ridículo, de arbitrariedad nos desazona a muchos con un premio que regala un millón de euros a un libro. Yo también he escrito muchos libros, y Hacienda aún me debe mil euros de una declaración complementaria que hice en junio de 2023. Mil euros.

Pero una escritora argentina va a recibir su millón de euros de dinero público español antes del verano. Quizá, antes de que acabe abril.


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