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El último hombre blanco que hizo carrera en su generación

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15.03.2026

El primero en quejarse fue Tristan Egolf. Era un norteamericano tan inquieto que nació en San Lorenzo del Escorial (Madrid) antes de volver a Estados Unidos para fracasar debidamente. Su primera novela fue rechazada allí por setenta editoriales. Entonces se fue a París. Se quitó los zapatos (era pobre) y una chica seguramente muy guapa y muy francesa se fijó en sus pies, como Tarantino se fija en los pies de Margaret Qualley. Unos pies llevaron a otros y al final de la andadura la primera novela de este americano nacido sanlorentino se publicó en la editorial más importante de Francia: Gallimard.

La chica era Marie Modiano, hija de Patrick Modiano, hoy premio Nobel de Literatura.

window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); El amo del corral (1998) llegó pronto a España y con publicidad nunca vista. Básicamente, la historia que hemos contado más arriba. Mondadori trajo a Tristán y, como su propio nombre indica, el tipo dio toda la pena que pudo. Contó lo de los setenta rechazos, contó lo de los pies desnudos. Y declaró (aún me acuerdo): “Me dijeron que siendo un hombre blanco heterosexual no tenía ninguna posibilidad de publicar mi novela”. Todo esto, fíjense, en 1998.

Uno puede preguntarse muchas cosas. Puede preguntarse si hay en Estados Unidos setenta editoriales literarias; puede preguntarse si Marie Modiano iba por París mirando pies, y además sabía cuáles escribían mejor; puede preguntarse si es tan fácil que Gallimard le haga caso al gusto podal o pedio de la hija de Patrick Modiano. El marketing literario no lo ha inventado el siglo XXI, y seguramente tampoco el año 1998.

Pero lo que no puede cuestionarse es que nadie en Estados Unidos, hasta que la leyeron en francés, quiso publicar El amo del corral.

Muchos años después (de hecho, el año pasado), Jacob Savage publicó en la revista Compact un artículo titulado La desaparición del escritor varón blanco. En él constataba que el perfil genético de un Tristan Egolf había desaparecido prácticamente de las listas de mejores libros del año en The New York Times, Vanity Fair, Squire o The Athlantic; que este mismo perfil genético satánico no gustaba a las editoriales y ya no recibía premios ni becas fastuosas. Los nacidos en los años 80 (millennials) estaban completamente jodidos si eran hombres y querían destacar como escritores. Sobre todo, porque a nadie le importaba lo más mínimo lo jodidos que estaban.

Los nacidos en los años 80 ('millennials') estaban completamente jodidos si eran hombres y querían destacar como escritores

Por eso ha sido toda una sorpresa encontrarme la semana pasada en una librería con El amo del corral, reeditado por Seix Barral. La publicidad de la obra es la misma que hace treinta años (pies, París, Modiano), pero ahora se añade el lúgubre vínculo con John Kennedy Toole window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); (La conjura de los necios). ¿Por qué? Porque nuestro querido Tristan también se quitó la vida con apenas treinta años.

Simultáneamente, aparece en el mismo sello window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Abril o nunca, nueva novela del autor cántabro Juan Gómez Bárcena. Nacido en 1984, lleva años siendo el único escritor español nacido en 1984 al que le va bien. Esto quiere decir que le publican un libro tras otro. Que te vaya bien en España ya es sólo eso: que te sigan publicando pasados los 40 años y siendo genéticamente satánico (un hombre). Gómez Bárcena puede convertirse en el último hombre blanco que hizo carrera en su generación, lo que no deja de tener su atractivo.

Su novela es perfectamente masculina, además. Como window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Hombres en mi situación (Asteroide), de Per Pettersen (por poner una referencia que aplaque tanta soledad), Abril o nunca aborda ese gran día en la vida de cualquier hombre en el que tu mujer te pide el divorcio, y con hijos. Como supondrán, separarse o divorciarse sin hijos no merece que se escriban libros. Sólo con hijos la cosa desprende algún drama.

Los amores divorciados son como las rebajas de comida para llevar a casa en los supermercados más baratos de la ciudad

La novela aborda magistralmente (sus primeras cincuenta páginas) ese rito de paso de la masculinidad moderna. Yo creo que no eres un hombre de verdad hasta que no se divorcian de ti (con hijos). Llegan entonces los turnos de cuidados, los niños que crecen a traición, las fricciones con el otro cónyuge y la vuelta a la juventud para constatar tu acabamiento. Los amores divorciados son como las rebajas de comida para llevar a casa en los supermercados más baratos de la ciudad.

Nos ahorramos un spoiler y acompañamos a Abril o nunca hacia sus páginas interiores. La novela da un giro existencialista y su prota vaga lánguidamente por Internet y por Benidorm, lugar donde trabajaba seis meses al año después de divorciarse. Ahí el libro pierde pie y diría uno que no sabe a dónde va, salvo a constatar el desnortamiento de un señor cuando no tiene un sitio al que volver, una casa en la que alguien le espera. El divorciado cae en todos los vicios contemporáneos, como los videojuegos, los gurús de Internet y la nostalgia. La idea de “viajar en el tiempo” va tomando fuerza para superar tanta desgracia, y por eso viajar en el tiempo para un divorciado sólo se concibe hacia atrás.

Abril o nunca es un libro bastante triste y de ajustada escritura, que puede leerse con los pies descalzos o con una botella de bourbon al lado. Eso ya según cada cual.


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