¿Fueron las cintas VHS el punto más alto de nuestra civilización en decadencia?
Antes del fin, existieron los videoclubs. Los videoclubs eran bodegas alfabéticas, con vinos rebobinables. También podemos decir que almacenaban películas para el alquiler, pero eso queda menos impresionante. Al videoclub íbamos a escoger una historia, mirar carátulas, gastar el bono mensual o conseguir por fin el VHS de Austin Powers 3. Había una sección de porno. Había, sin duda, mucha sacralidad en el orden de las estampas del cine de todos los tiempos, dispuestas en pasillos, salas, anaqueles y mostradores como la exhibición de un linaje poderoso.
Llegado internet, o lo digital, o, en fin, el mal absoluto, los videoclubs desaparecieron, y las cintas VHS fueron cobrando una condición mítica. Se convirtieron en las tablas de Moisés o en la piedra Rosetta, un soporte físicamente legendario que sólo podía contener grabaciones sapienciales. Incluso Emmanuelle 2, la antivirgen, en formato VHS es ahora mismo el Santo Grial, no digamos Austin Powers 3 en VHS, prácticamente el sudario de Cristo. No lo vimos venir. En los 90, eran sólo plástico, cachitos de hierro y cromo, como cantaba Kiko Veneno, pero su desaparición o postergación volvió la cinta magnética papiro egipcio, el lugar donde reposaban todas las........
