De las seis familias trumpistas, solo quedan dos dispuestas a sangrar por Israel
Joe Kent dimitió esta semana como director del Centro Nacional de Contraterrorismo de EEUU alegando que su conciencia no le permite apoyar la guerra de Irán. Poco después, concedió una entrevista a Tucker Carlson en la que sugirió que podría haber una relación entre el asesinato del activista Charlie Kirk y la presión de Israel para atacar al régimen de los ayatolás. “(Kirk) era uno de los asesores más cercanos del presidente Trump y abogaba por evitar la guerra con Irán y por replantearnos nuestra relación con los israelíes”, dijo. “¿Y luego, de repente, es asesinado y no se nos permite hacer ninguna pregunta al respecto?”.
Si se ha perdido entre nombres y conspiraciones, basta con entender que se trata de tres de las figuras más destacadas del movimiento MAGA. Y que la guerra de Irán está erosionando su lealtad hacia Trump y exacerbando sus recelos frente a Israel.
Es verdad que una parte minoritaria del mundo MAGA, la más radical, alberga sentimientos antisemitas. A otro sector simplemente le enfada que Estados Unidos gaste el dinero de los contribuyentes en guerras lejanas e intereses foráneos. La ruptura está, por ahora, circunscrita a un grupo muy ruidoso pero reducido. Las bases del movimiento siguen apoyando a su gobierno. Las encuestas dicen que más del 90 por ciento de quienes se autodefinen como MAGA —que son solo una parte de quienes votaron a Trump— se muestran ahora a favor de la guerra emprendida por su presidente, pero preferirían que terminara lo antes posible, sin importar demasiado el resultado.
Sucede que la fractura emocional entre el pueblo estadounidense e Israel es más profunda que las tensiones internas de un grupo de activistas y trasciende sus batallas ideológicas. Se trata de una cuestión profunda, larvada durante años, que emergió con la guerra de Gaza y que puede tener un impacto a medio plazo en la política exterior de ambos países. Hasta tal punto es así que algunas voces en Israel llevan tiempo advirtiendo de que este gobierno, este segundo mandato de Donald Trump, podría ser el último en brindarles un apoyo incondicional. Habría sido, de hecho, uno de los argumentos utilizados internamente para arrastrar a Washington a una intervención militar contra Irán: el temor a que los cambios sociales y políticos en EEUU........
