Cómo la guerra con Irán está agotando el arsenal de Estados Unidos y pone a prueba su poder global
Un informe publicado por el diario The New York Times describe un desgaste acelerado y sin precedentes del arsenal estadounidense, con cifras que evidencian una presión extrema sobre las reservas.
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En apenas semanas, Estados Unidos ha empleado unos 1.100 misiles furtivos de largo alcance JASSM-ER (quedando cerca de 1.500 en reserva), más de 1.000 misiles Tomahawk —unas 10 veces su ritmo anual de compra—, más de 1.200 interceptores Patriot (cuando produce alrededor de 600 al año) y más de 1.000 misiles terrestres Precision Strike y ATACMS.
A esto se suma el uso intensivo de municiones no detalladas en más de 13.000 objetivos atacados, un gasto estimado de entre 28.000 y 35.000 millones de dólares (casi 1.000 millones diarios) y picos como 5.600 millones de dólares en solo dos días, además de pérdidas materiales como aeronaves por unos 275 millones de dólares.
El Times recordó que solo en la operación del Equipo 6 de los SEAL de la Marina para rescatar a un oficial cuyo avión fue derribado en Irán, los militares tuvieron que destruir dos aviones de carga MC-130 y al menos tres helicópteros MH-6, después de que el tren de aterrizaje delantero de los aviones se atascara en la arena húmeda de una pista de aterrizaje improvisada.
El informe también indica que este consumo masivo de municiones ha obligado al Pentágono a redistribuir de manera urgente armas desde Asia y Europa hacia el Medio Oriente, dejando a comandos clave menos preparados frente a potencias como Rusia y China.
En Asia, incluso se han retirado sistemas estratégicos como interceptores Patriot y THAAD, mientras que en Europa se resiente la capacidad de disuasión en el flanco de la OTAN.
El problema se agrava porque la industria de defensa no puede reponer rápidamente los inventarios: con los ritmos actuales, la recuperación podría tomar años y depende de financiación adicional del Congreso que aún no se concreta, remarca el New York Times.
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