La reputación también se defiende
La reputación también se defiende
El caso del Centro Niemeyer invita a reflexionar sobre los límites entre la exigencia democrática y la sospecha permanente
Hay críticas que fortalecen las instituciones porque obligan a mejorar, corregir errores y rendir cuentas. Y hay otras que, por exceso, cálculo político o simplemente por irresponsabilidad, terminan dañando aquello que dicen fiscalizar. La diferencia es importante. La primera contribuye a una sociedad más exigente y transparente. La segunda instala la sospecha permanente y acaba erosionando la confianza colectiva, algo a lo que asistimos desde hace tiempo en este país.
En los últimos días se ha vuelto a abrir el debate sobre la gestión del Centro Niemeyer a raíz del informe de la Sindicatura de Cuentas correspondiente al ejercicio de 2024. Más allá de las consideraciones técnicas o jurídicas que puedan hacerse sobre ese documento, la controversia vuelve a plantear una cuestión de mayor alcance: qué sucede cuando una institución pública deja de ser objeto de crítica para ser objeto de descalificación. Y qué coste termina pagando una ciudad cuando uno de sus principales activos es presentado ante la opinión pública como si fuera poco menos que una estructura sospechosa.
Solo dos ejemplos. De las hemerotecas. 26 de diciembre de 2024. «Una iniciativa (la compra y posterior cesión del parking del Centro Niemeyer por parte del Principado) que no va a suponer ningún........
