La factura de la guerra que no queremos ver
La factura de la guerra que no queremos ver
La economía doméstica y la empresarial está secuestrada por la geopolítica, aunque el debate público siga mirando para otro lado
Bill Clinton ganó las presidenciales de Estados Unidos de 1992 a George Bush aupado, entre otras cosas, por la frase mítica de su jefe de campaña James Carville, «It’s the economy, stupid», convertida de inmediato en un lema para explicar al mundo los problemas que afectan a la gente. Hoy la frase ha cambiado. Han pasado 81 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial para que un líder mundial de la siderurgia como ArcelorMittal, con profundas raíces en Avilés, en Asturias, se haya visto obligado a cerrar una planta integral por una destrucción bélica directa. La instalación ucraniana de ArcelorMittal Kryvyi Rih –una de las más importantes de Europa– quedó clausurada tras recibir cuatro ataques de misiles rusos que provocaron cinco muertos, siete heridos y unas pérdidas de más de mil millones de euros. Un ataque directo a una multinacional del acero, con un mensaje claro: «ArcelorMittal es un símbolo y podemos con él». Esta semana lo ratificó públicamente Vladimir Putin, en un mensaje-amenaza para Europa y la OTAN: «El punto de no retorno puede llegar de forma inesperada».
«Es la guerra, estúpido», se podría argumentar hoy mismo para denunciar y hasta para escandalizarnos de la banalidad de los discursos políticos y de las redes sociales, que........
