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Codema

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30.04.2026

El abuelo se encorva con los brazos abiertos y cara de felicidad plena. Es un abuelo juvenil con la calva tostada por el sol y una rasurada barba blanca. Toda la pinta de ser de un club de montaña. Con este gesto atlético, como el de un portero de balonmano al que van a lanzar un penalti, se dispone a recoger a la nieta, de tercero de Primaria, ocho años por tanto, a las doce y media de la mañana. Su escorzo le distingue del resto de adultos dispersos, en posturas serenas, con la mirada fija en esas dos puertas por donde salen briosos los niños al acabar las clases. Él se dispone a recibir a la ‘suya’ con gesto jubiloso, pero ella siente una vergüenza creciente que, como un acto reflejo, la lleva a esquivar el abrazo y darle una patada en la espinilla.Estamos en el........

© El Comercio