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Los Pulpos: cómo una pandilla de barrio se convirtió en una organización criminal

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07.09.2026

Uno de los criminales más buscados del país y la región, Jhonsson Cruz Torres, alias ‘Jhonsson Pulpo’, cayó detenido este martes en Bolivia luego de permanecer prófugo durante años. Considerado uno de los principales cabecillas de la organización criminal Los Pulpos, logró mantener y expandir desde la clandestinidad una estructura vinculada a delitos que van desde la extorsión y el robo agravado hasta el sicariato, los secuestros y la minería ilegal. Una organización nacida en el norte del Perú, pero cuyas actividades y conexiones han logrado traspasar las fronteras del país.

La historia, sin embargo, empezó mucho antes que Jhonsson. Los primeros registros periodísticos de Los Pulpos se remontan a finales de la década de 1990, cuando todavía se desenvolvían entre el pandillaje, los robos y los primeros cobros extorsivos. Con los años, la organización evolucionó, incrementó sus niveles de violencia y encontró nuevas actividades criminales en las cuales insertarse. Su permanencia durante más de dos décadas también permite mirar hacia atrás y preguntarse qué condiciones hicieron posible su crecimiento.

Jorge Nuñera, historiador y autor de “Esta bala lleva tu nombre”, recorre en su libro la genealogía de Los Pulpos y, con ella, la propia historia de la extorsión y la transformación de la criminalidad en Trujillo. Su investigación permite explorar cómo una ciudad que experimentó un importante crecimiento económico desde inicios de los 2000 mantuvo, al mismo tiempo, profundas brechas de desarrollo entre sus distritos. Mientras el dinero comenzaba a circular con mayor fuerza por la agroindustria y la minería, una parte de la población permanecía al margen de esas oportunidades.

Pero la desigualdad fue solo una pieza. El crecimiento de las pandillas barriales, la defensa y disputa de territorios, la informalidad, la limitada presencia del Estado y las fallas de un sistema penitenciario que no consiguió cortar los vínculos entre los delincuentes encarcelados y sus organizaciones en las calles terminaron formando parte de un escenario mucho más complejo. Para Nuñera, las cárceles incluso se convirtieron en espacios desde donde determinadas modalidades extorsivas pudieron especializarse y trasladarse hacia otros lugares del país.

Entender esa trayectoria permite mirar más allá de Los Pulpos. Lo ocurrido durante más de dos décadas en Trujillo muestra cómo las dinámicas sociales, económicas e institucionales de cada territorio pueden moldear distintas formas de criminalidad y cómo la ausencia de respuestas especializadas permitió que el fenómeno avanzara. “Han dejado crecer el monstruo”, sostiene Nuñera al analizar la respuesta de las autoridades y la posterior expansión de la extorsión hacia otras ciudades del país.

—Antes de entender cómo Los Pulpos llegaron a convertirse en una de las principales organizaciones criminales del norte, ¿qué escenario permitió el surgimiento y crecimiento de la criminalidad en esta parte del país?

Determinar por qué una ciudad sí y otra no es bastante complicado, pero yo traté de acercarme a los factores socioeconómicos e institucionales. Trujillo siempre ha sido, desde la época colonial, la ciudad más importante del norte del Perú. Ha tenido un capital social importante y también cierta relevancia cultural hasta los años 70 y 80.

En los años 90 pasa algo relacionado con este cambio mundial de paradigmas, con la caída del muro de Berlín, la llegada del “Chino” al poder y el gobierno desastroso de Alan García. Entonces, esa clase dirigente de familias tradicionales se dedica a otra cosa y hay como una fuga de talento y de hacer patria en esta ciudad.

A fines de los 90 empiezan a desarrollarse algunos proyectos agroindustriales, especialmente Chavimochic, y a inicios de los 2000 esto empieza con fuerza. A Trujillo se le agrega este dinamismo económico que provino de la agroindustria y de la minería de la sierra liberteña. Pero este crecimiento económico, que fue importante, no fue un crecimiento igualitario.

En el segundo capítulo trato de hacer una comparación entre Víctor........

© El Comercio