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FINAL DEL VERANO. ÉPOCA DE FIESTAS

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FINAL DEL VERANO. ÉPOCA DE FIESTAS

Un cuellarano ilustre del siglo de Oro: Antonio de Herrera

Ceuta y la “ultraderecha”

Con el final del verano la España vaciada se llena de color anunciando las fiestas patronales; son éstas un reencuentro, una cita con la identidad y los recuerdos del pasado. Las fiestas de los pueblos, con esa mezcla de olores, sonidos, sabores y sensaciones, nos devuelven a nuestra infancia y juventud. Acabadas las faenas agrícolas de la recolección, los pueblos cambiaban de aspecto por unos días, eran días de descanso, de encuentros, momentos de unión vecinal en torno al patrón o patrona, que a veces con pocos recursos tenían un un fuerte sentido comunal. Si hay un elemento que define ahora estas fiestas es la nostalgia, supone revivir costumbres que van cambiando, aunque poco, con el paso del tiempo. La verdad que todas las fiestas se parecen y al mismo tiempo tienen sus rasgos característicos y pertenecen, sin duda, al patrimonio cultural que merece la pena conservar, ya que ejercen un papel importante a la hora de mantener la cultura popular que se transmite de generación en generación. Junto a la procesión, las vaquillas eran, en los pueblos algo mayores, el eje de las fiestas. Casi siempre el ruedo donde se corrían aquellas vacas cornalonas que, como los feriantes, recorrían distintas localidades y que por lo tanto sabían hasta latín, era la misma plaza del lugar con grandes tablados desde los balcones del ayuntamiento y........

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