Todos, todos, todos
Pasado de mentiras, presente de condenas y futuro de pancartas
Hace algunos años, tuve la oportunidad de participar con un grupo de amigos sacerdotes en un encuentro privado con el papa Francisco. Fue un rato verdaderamente entrañable. Entre otras cosas, recuerdo que uno de mis compañeros le preguntó por el sentido de una expresión suya que hizo mucha fortuna entre los medios de comunicación: “Todos, todos, todos”. El Papa había convertido esta expresión en una especie de leitmotiv de su pontificado. Recuerdo que cité esta misma expresión en la homilía de la misa de inicio del ministerio en Segovia y fue, precisamente aquello, de lo que más eco se hicieron los medios de comunicación. La triple repetición del “todos” del Papa era, para la gente sencilla, y especialmente para los que estaban alejados de la Iglesia, como una bocanada de aire fresco, un grito de esperanza. Era como si cada uno pudiera gritar en respuesta: «¡Yo también tengo sitio y puedo ser acogido en el Reino de los........
