El rapto de Helena. Faldas y otras excusas para morir
El rapto de Helena. Faldas y otras excusas para morir
Reinas en el celuloide
Cuando el poder quiere medir los sentimientos
Sabemos por Homero que Paris se fugó con Helena y que, de buenas a primeras, un vulgar asunto de faldas pasó de enredo de alcoba al incendio de un imperio. Bastó aquel flirteo para fletar mil barcos y reducir una civilización a cenizas.
Siglos más tarde, unos aristócratas protestantes tiraron a dos representantes del emperador católico por la ventana del Castillo de Praga y, antes de que los regentes aterrizaran en el estiércol, media Europa ya estaba desenvainando la espada. La diplomacia se resumió en una simple cuestión de física elemental: bastaron aquellos segundos de caída libre para desatar treinta años de carnicería; bastó una ventana abierta para convertir el continente en un osario.
En 1853, un vulgar juego de llaves en Belén —unos monjes disputándose una cerradura— terminó con el Imperio Ruso, Francia, el Reino Unido, el Imperio........
