menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Algunas bonitas maneras de ejercitar la paciencia

23 0
25.04.2026

Algunas bonitas maneras de ejercitar la paciencia

“Paren el mundo, que me bajo”

Qué conoce de… Montejo de la Vega de la Serrezuela

No tenemos remedio. Por muy sensatos que nos creamos, por muy discretos, nos da por hacer cosas extrañas, por tener comportamientos reprochables en los momentos menos oportunos. Nada grave, pero sí molesto. Pequeñas manías que no podemos evitar, hábitos que nos hacen alzar las cejas y mover la cabeza cuando los vemos en otros, costumbres enojosas que, consciente o inconscientemente, también nosotros practicamos con sincera vocación y que acaban irritando al personal.

Hoy la reflexión es ligerita. Venga, va, vamos a reírnos de cómo somos: maniáticos, cargantes, incorregibles. Todos, que aquí no sobra nadie. ¿Cómo era aquello de la primera piedra? Les propongo una miscelánea de casos que pueden ayudarnos a ejercitar cristianamente la virtud de la paciencia con nuestros semejantes en el sufrido día a día. Con cariño y con humor, por favor, que nadie se me ofenda.

Comienzo por uno que, por más vueltas que le doy, sigo considerando un misterio insondable, un fenómeno digno de aparecer en Tercer Milenio. No tiene mayor importancia (ninguno de los casos que aquí se refieren la tiene), pero les confieso que me llevan los diablos cuando lo sufro. Y es este: ¿qué se gana con dejar encendido el motor del coche cuando uno se detiene para recoger a alguien o para hacer un recado? ¿O el de la furgoneta —¡qué decir del del camión!— para hacer una descarga? Descargas, esperas, recados que no duran unos segundos, no, sino sus buenos minutos, más de........

© El Adelantado