Juntos somos más fuertes
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Somos campeones del mundo de fútbol. Este acontecimiento ha provocado una enorme felicidad colectiva. El caso es que, en principio, todo apunta a la asentada apariencia de que el logro del título es la causa de nuestra dicha, cuando en realidad, no es la causa, sino la consecuencia. Pero nos gusta quedarnos en lo cercano, evidente, tangible y perceptible.
Profundizando un poco, observamos que el efecto, el título, tiene causa: el trabajo duro y de absoluta entrega de un grupo de jugadores, el conocimiento de un equipo técnico y la enseñanza de un entrenador.
Hay gente que me comenta: “No es tan bueno Luis como aparenta. No me gustó lo que comentó sobre el piquito de Rubiales”. Sin entrar en polémicas absurdas, podemos contemplar que De la Fuente no deja de ser un humano con sus “cosas”, como todos. Él tampoco es la causa. Resulta un simple efecto de sus propios valores, los cuales siempre ha intentado mantener. Comentaré sólo alguno de ellos emanados de su rueda de prensa tras la victoria:
– “Estaba escrito, porque gracias a Dios, aquí estamos” Fe, entrega y puesta en manos de la divinidad.
– “Agradecimiento al equipo técnico y jugadores. Sin ellos no hay nada”. Humildad y falta de egoicidad.
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