Serenísima Laffón, donde la luz se difumina en el lienzo
Serenísima Laffón, donde la luz se difumina en el lienzo
Bodegón del galletero. Carmen Laffón.
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“La mujer sin sombra”. Así quiso titular Richard Strauss una de las óperas más complejas y atractivas tanto del repertorio del autor como de la historia operística. La pintura de Carmen Laffón (Sevilla, 1934-Sanlúcar de Barrameda, 2021) se caracteriza por lo mismo: en sus cuadros la umbría está ausente; persiguen sus pinceles la claridad con la misma persistencia con la que Howard Carter buscó la tumba de Tutankamón; es la luz la que permite llenar de veladuras los contornos de la realidad, y la difumina, y la hace evanescente hasta que en un proceso de birlibirloque pictórico termina convirtiendo la figuración en algo más parecido a una ensoñación superrealista que a una fotografía de lo exterior, sea un paisaje doméstico o de naturaleza. Solo de manera tardía, ya entrado bien el año 2000 (El Coto desde Sanlúcar I y II), se permite la autora acercarse a la oscuridad a partir de una profusión de azules tan bellos e irisados que ni siquiera la luna es capaz de solicitar su lugar en la aurora del cuadro, y una atmósfera parecida a un adagio parece deambular por el río Guadalquivir hasta encontrar su lugar de cobalto en Bonanza.
Gran acierto el del Museo Nacional Thyssen-Bornemizsa en dedicarle una exposición a esta magnífica pintora cinco años después de su muerte. Pintora y escultora, se matiza. Una mujer que hilvana lenguajes, y que, como tantos artistas del sur, lo envuelve todo con un celofán invisible pero perceptible de lirismo, como si la realidad no fuera objetiva sino respondiera a los efluvios de un eterno sueño que solo adquiere su despertar en las fronteras estrechas de un cuadro. Y es entonces cuando los contornos de los........
