Luis Rubiales
Salvo el estrecho de Ormuz y los novios de Letizia, nada más centra la curiosidad del vulgo que el balompié, vocablo más propio de las trece rayas, única religión que profesa mi ateísmo.
Muchas líneas harían pleno para la comprensión de qué laberintos se han edificado camino del Minotauro de la Final de la Copa del Mundo de 2.030. Que si en Marruecos, que si en el Bernabéu; y cómo Infantino ha pasado de aliado a sigiloso visitador de madrugada de las habitaciones oficiales de los staffs federativos. El dinero lo arregla todo. Será por dinero...
La lucha por los derechos televisivos comenzó por la Liga. En ningún otro país, se hubiera consentido una organización más potente que la estructura organizativa del deporte del país. Solo hace falta analizar el presupuesto en medios y los hombres de negro que visitan a los desafectos.
Hasta las........
