El turismo como enemigo: la gran mentira del progresismo rentista
España se ha convertido en un parque temático para europeos y habitantes de sus grandes urbes adinerados, un decorado de cartón piedra donde la vida de los trabajadores se ha vuelto irrespirable.
Lo que nuestros gobernantes denominan eufemísticamente "industria turística" no es más que la fase más depredadora del capitalismo neoliberal, un modelo de expoliación que las autoridades centrales, autonómicas y municipales defienden con una inquebrantable fe que raya en la traición a los intereses de las clases populares.
No nos engañemos: el turismo masivo e incontrolado que padecemos no es un accidente, ni una consecuencia inevitable de la globalización. Es una elección política, que por cierto ideo Franco durante su dictadura.
Es la opción consciente de unos dirigentes que han decidido plegarse a los dictados de las grandes multinacionales hoteleras y de las agencias de viajes internacionales, convirtiendo nuestras ciudades y costas en meros productos de consumo. Esta política, alineada con las directrices de una Unión Europea que no es más que el brazo ejecutor del gran capital, ha desmantelado nuestra industria, ha cerrado nuestras minas y ahora remata la faena aniquilando nuestra agricultura y nuestra pesca para reducirnos a la triste condición de camareros de medio mundo.
La invasión turística es ya un problema de seguridad nacional y de supervivencia social. Cada año, millones de extranjeros o las clases medias y burguesas de ciudades colmatadas e irrespirables, desembarcan en nuestras playas y calles, no como visitantes, sino como una auténtica ocupación que destruye nuestros ecosistemas y, lo que es más grave, dinamita el tejido social de nuestros barrios.
Los centros históricos de nuestras grandes urbes y de nuestros pueblos costeros han dejado de ser espacios de convivencia para convertirse en parques de atracciones sin alma, donde los vecinos de toda la vida son expulsados por la presión inmobiliaria. El fenómeno de la turistificación........
