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El despertar del Sur Global y la crisis de las izquierdas europeas

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25.06.2026

Introducción: Un mundo en recomposición

Vivimos un momento histórico de profundas transformaciones geopolíticas. El orden mundial unipolar que emergió tras la caída del Muro de Berlín está agrietándose por todos los costados, y en sus fisuras aparecen nuevas fuerzas políticas, nuevas alianzas y, sobre todo, nuevos sujetos históricos que reclaman su lugar en la escena global. En este contexto, la Sovintern —la nueva red internacional socialista— ha irrumpido con una visión clara y, para muchos, polémica: el futuro del socialismo ya no se juega en la vieja Europa, sino en los territorios del Sur Global. Esta afirmación, que puede sonar a provocación para los círculos de la izquierda tradicional europea, merece un análisis detenido, libre de sectarismos y anclado en la realidad material que el marxismo nos exige interpretar.

La Sovintern no es una organización sectaria ni una secta mesiánica. Su apuesta por las rebeliones, ilusiones, sueños y esperanzas de los pueblos del Sur parte de una constatación empírica: en América Latina, Asia y África están ocurriendo procesos de movilización popular, de construcción de soberanía y de resistencia al imperio que, por su intensidad y profundidad, no tienen parangón en el continente europeo. Esto no es un deseo ni una idealización del Sur; es una lectura realista de la correlación de fuerzas internacionales.

Pero antes de adentrarnos en el análisis de cada región, conviene aclarar qué entendemos por Sur Global. No se trata de una categoría geográfica estricta, sino de un concepto político que designa a aquellos países y pueblos que han sido históricamente “subalternizados” por el colonialismo, el imperialismo y el capitalismo global. El Sur Global incluye a América Latina, África, gran parte de Asia y Oceanía, y también a las poblaciones empobrecidas del Norte Global. Es, ante todo, una posición en la división internacional del trabajo y en las relaciones de poder mundial.

América Latina: El patio trasero en llamas

América Latina ha sido tradicionalmente considerada por Estados Unidos como su "patio trasero", una zona de influencia exclusiva donde los intereses de Washington deben prevalecer por encima de cualquier soberanía nacional. Esta concepción, que hunde sus raíces en la Doctrina Monroe de 1823, ha experimentado en los últimos años una renovada agresividad. El Imperio —entendido como el conjunto de mecanismos políticos, económicos y militares que Estados Unidos despliega para mantener su hegemonía global— está invirtiendo cantidades ingentes de recursos para imponer en la región candidaturas de extrema derecha y pro imperialistas. Asfixiando de paso a Cuba tratando de rendirla por hambre e introduciendo algo muy confuso en Venezuela.

Estos esfuerzos no son nuevos, pero han adquirido una virulencia especial en el contexto del declive relativo de Estados Unidos como potencia hegemónica. Cuanto más se resquebraja su dominio, más recurre a métodos coercitivos, incluido el fraude electoral. Los casos de Perú y Colombia son paradigmáticos. En Perú, la destitución del presidente Pedro Castillo —un maestro rural de origen humilde que representaba una opción de cambio— y la posterior represión de las protestas populares evidenció hasta qué punto las élites locales, con el respaldo de Washington, están dispuestas a violentar la voluntad popular para mantener sus privilegios. En Colombia, la llegada al gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez —la primera vicepresidenta afrodescendiente del país— fue recibida con una hostilidad constante por parte de los aparatos mediáticos y económicos, invirtiendo mucho en derrocar un gobierno progresista.

La Sovintern ha optado por apoyar, sin complejos, a las candidaturas de izquierdas y centroizquierda en América Latina, consciente de que estas fuerzas, aun con sus contradicciones y limitaciones, representan la opción por la soberanía popular y el antiimperialismo. No se trata de un apoyo acrítico ni de una adhesión incondicional a cualquier gobierno que se autodenomine progresista. Se trata de reconocer que, en el actual contexto latinoamericano, estas candidaturas encarnan los intereses de los mundos del trabajo y del mundo indígena, dos sujetos históricos que han sido sistemáticamente excluidos de los beneficios del modelo neoliberal.

Las operaciones que se preparan en México y Brasil —con la vista puesta en las elecciones de 2026 y 2028 respectivamente— son un ejemplo más de la ofensiva........

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