¿Qué es el fascismo?: una respuesta materialista para el siglo XXI
La irrupción de la extrema derecha en la arena política global ha reabierto un cajón de sastre teórico del que todos se sirven, pero pocos ordenan. Asistimos a un debate enmarañado donde se confunden términos, se diluyen responsabilidades y, lo que es peor, se banaliza la historia. Entre el auge del trumpismo, el nacional-populismo europeo y la reacción cultural al fenómeno woke, muchos se preguntan: ¿esto es fascismo? Pero la pregunta, para un marxista, para un materialista, no puede ser nominalista. No se trata de encajar la realidad en un diccionario ideológico, sino de interpretar los hechos en su crudeza para transformarlos.
El wokismo, entendido como una degeneración identitaria y posmoderna del socialismo y también del comunismo cooptado por fundaciones burguesas y globalistas, ha hecho un flaco favor a la izquierda, de hecho la ha roto y desprestigiado. Al colonizar el discurso progresista con una retórica neoliberal envuelta en banderas arcoíris –que son muy dignas, pero en su espacio y no como banderas de izquierdas, sino de libertad individual-, ha creado un vacío. Ese vacío, ese desprecio por lo material en favor de lo simbólico, es el caldo de cultivo perfecto para que la ultraderecha se vista de "protectora de los trabajadores". Pero cuidado: confundir al woke con el fascismo, o peor aún, dotar al fascismo de una pátina intelectual que nunca tuvo, es un error garrafal. Analicemos los hechos.
El Fascismo: Un Parto de la Reacción Burguesa
Para entender qué es el fascismo, debemos viajar a su cuna: la Europa de entreguerras. No nace de un debate filosófico en un salón, sino del miedo irracional de una clase media empobrecida y, sobre todo, del pánico de la burguesía ante la amenaza revolucionaria. En Italia, el bienio rosso (1919-1920) con sus ocupaciones de fábricas en Turín y Milán, aterrorizó a los industriales. El fascismo de Mussolini, un ex socialista reconvertido, fue la solución violenta y........
