La ballena en la espalda
Me dan miedo las serpientes y, esta mañana, he encontrado una en casa mientras barría. Y eso he hecho: barrerla y sacarla al campo, donde uno teme encontrarse con una serpiente. Medía poco más de quince o veinte centímetros, desconozco si víbora o culebra. Mis ojos la miraban, no la perdían de vista, pero sin poder descifrar si en los suyos reinaban unas pupilas verticales o redondas o si su hocico era achatado o puntiagudo. ¿Qué importa? De haberse erguido —como en las películas—, fuese cual fuese la calidad de su veneno, habría muerto del susto.
También me dan miedo las ballenas jorobadas, aunque no muerdan. Y a la mayoría de ustedes también, aunque ahora no lo sepan. Y si no, imagínense lo que sería sentir de pronto su carne en nuestra espalda, mientras este verano jugamos a hacernos el muerto en una playa de Cullera o de Estepona. El miedo es una aparición inesperada. La cara más bonita del mundo está abierta a provocarnos mucho miedo. La voz más........
