Dios es un garbanzo tierno
He probado los garbanzos tiernos. Por primera vez en mi vida, ¡a los 53 años! Y al fin sé que Dios es un garbanzo, uno muy tierno, ternísimo. También he visto salir el sol por encima de la sierra de Huebras y describir un semicírculo perfecto, antes de ponerse en los majestuosos Campos de Hernán Pelea; un día entero que algunos tildarán de asueto y que yo entiendo como la página de un libro. Cuando se ha hecho de noche, he planeado sobre un cuerpo desnudo, repitiendo sin cesar “Te quiero. Te amo. Te deseo. Te necesito”. Dos vuelos en un intervalo de apenas unos minutos, lo mismo que cuan-to tenía 15 años. Al principio, he pensado que moriría por hacerlo todas las noches, todos los días. Luego he caído en la cuenta de que solo vivo para ello.
Por la mañana, mientras salía el café, me han preguntado si teníamos planes. Empleando justo esa forma verbal con la que al fin he entendido a qué se refiere el Salmo 23. No le he dicho “Volver a la cama”; no le he dicho “Viajar a algún........
