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Un cuestionamiento sin fundamento

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27.03.2026

Las opiniones de Guillermo Trujillo sobre el rumbo de la caficultura colombiana plantean falsas preocupaciones que claramente no tienen sustento en evidencia verificable y omiten información técnica ampliamente documentada por la institucionalidad cafetera y organismos especializados.

En primer lugar, la meta de 20 millones de sacos hacia 2030 no puede interpretarse como un incumplimiento atribuible únicamente a la institucionalidad. De acuerdo con los Informes de Coyuntura Cafetera 2022, 2023 y 2024, publicados por la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia y presentados periódicamente ante el Comité Nacional de Cafeteros, la producción se vio afectada por eventos climáticos asociados al fenómeno de La Niña, que generaron excesos de lluvia, disminución en la floración y caída en la productividad.

Esta información ha sido reiterada en escenarios públicos, como el Congreso Nacional de Cafeteros (sesiones 2022 y 2023), donde el gremio expuso cómo la variabilidad climática impactó directamente el volumen de producción nacional.

A ello se suma el envejecimiento del parque cafetero. Según datos del Servicio de Extensión de la Federación, presentados en informes técnicos regionales y consolidados en los reportes de gestión 2023, cerca del 30% de los cafetales requieren procesos de renovación o presentan limitaciones productivas. Esta información ha sido socializada en espacios como los comités departamentales de cafeteros y encuentros gremiales en todo el país, con soporte técnico de Cenicafé.

En este contexto, responsabilizar exclusivamente a la institucionalidad por la brecha frente a la meta es desconocer factores agronómicos, climáticos y estructurales ampliamente documentados.

Uno de los puntos más sensibles de dichas opiniones es la interpretación de la estrategia de ampliación de la frontera cafetera hacia zonas entre 800 y 1.200 metros sobre el nivel del mar. Presentarla como un traslado de la caficultura o una afectación a la propiedad de los productores no corresponde a lo planteado técnicamente.

De acuerdo con investigaciones de Cenicafé, publicadas en boletines científicos y estudios sobre zonificación agroecológica, así como reportes del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y la FAO (informe “Climate Change and Coffee”, 2020), el aumento de temperatura está desplazando las condiciones óptimas del cultivo hacia mayores altitudes. Este fenómeno ha sido discutido en escenarios académicos y técnicos, incluyendo seminarios de adaptación climática liderados por el gremio cafetero.

En Colombia, estos análisis han sido presentados en espacios como el Simposio Cafetero de Cenicafé y reuniones técnicas del Servicio de Extensión, donde se han expuesto mapas de aptitud agroclimática que evidencian estos cambios.

Lejos de reemplazar la caficultura existente, esta estrategia la complementa. La Federación ha liderado procesos históricos de renovación con variedades resistentes como Castillo y Colombia, desarrolladas por Cenicafé. Según reportes institucionales presentados ante el Congreso Nacional de Cafeteros y divulgados en informes de gestión, entre 2008 y 2018 se renovó a buen ritmo, lo que permitió duplicar la producción nacional de aproximadamente 7 a 14 millones de sacos.

Este resultado ha sido documentado en publicaciones oficiales del gremio y presentado en escenarios como la Asamblea Anual de Cafeteros y foros sectoriales organizados por el Ministerio de Agricultura.

En cuanto a la productividad, los datos oficiales indican que el promedio nacional se ubica entre 18 y 21 sacos por hectárea, según estadísticas de la Federación (Informe de Productividad Cafetera 2023). Alcanzar niveles superiores depende de condiciones específicas: renovación, fertilización adecuada, asistencia técnica permanente y condiciones climáticas favorables. Esta información ha sido difundida en programas del Servicio de Extensión y en jornadas técnicas realizadas en diferentes departamentos cafeteros.

Sobre el uso de los recursos del Fondo Nacional del Café, su destinación está regulada por la normatividad vigente y su ejecución es auditada por instancias de control fiscal. Estudios de suelos desarrollados por Cenicafé y presentados en informes técnicos del gremio indican que más del 60% de las áreas cafeteras presentan deficiencias nutricionales, lo que justifica programas de fertilización como medida para sostener la productividad. Estos resultados han sido socializados en capacitaciones del Servicio de Extensión y documentos técnicos disponibles para los productores.

En materia de precios, es fundamental recordar que Colombia es un país tomador de precios en el mercado internacional, determinado en la Bolsa de Nueva York. El Fondo de Estabilización de Precios del Café (FEPC), creado mediante la Ley 1969 de 2019 y reglamentado por el Gobierno Nacional, tiene un carácter contracíclico. Su operación y lineamientos han sido expuestos por el Ministerio de Hacienda en sesiones del Comité Nacional de Cafeteros, donde se ha insistido en la necesidad de garantizar su sostenibilidad en el tiempo.

Finalmente, afirmar que la Federación actúa de espaldas a los caficultores desconoce su estructura democrática. Más de 550.000 productores están representados a través de comités municipales y departamentales elegidos por voto cafetero, en un modelo gremial reconocido por su legitimidad y trayectoria institucional.

La caficultura colombiana enfrenta retos complejos: cambio climático, volatilidad de precios, incremento en costos y transformaciones sociales en el campo. En este escenario, las decisiones deben basarse en evidencia verificable, investigación científica y planificación de largo plazo.

Porque defender al caficultor no es resistirse al cambio. Es garantizar que ese cambio se construya con sustento técnico, responsabilidad institucional y visión de futuro.

Definitivamente la viudez del poder, además de durar décadas, deforma el criterio y lo pone al servicio de la revancha defensiva y en solitario


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