LA ISLA DE LA DISCORDIA
Por: Jorge Agustin Rojas Soto
El origen de la frase «la manzana de la discordia» se remonta a la mitología griega, específicamente al banquete de bodas entre Peleo y Tetis. Molesta por haber sido excluida, Eris, la diosa de la discordia, arrojó una manzana de oro con una dedicatoria lapidaria: «Para la más bella». El sutil elogio desató una feroz pugna entre Hera, Atenea y Afrodita, quienes reclamaban el fruto. Zeus delegó la decisión en el joven Paris, cuyo veredicto —elegir a Afrodita a cambio del amor de Helena— desencadenó la destructiva Guerra de Troya. Siglos después, este mito cobra vigencia cuando un territorio se convierte en el epicentro de un conflicto insalvable. Hoy, esa manzana de oro tiene la forma de una isla fluvial en medio de nuestro río Magdalena; un espacio geográfico en Neiva que desata opiniones encontradas y una intensa disputa sobre si su destino debe ser la urbanización o la conservación intacta.
Nuestro glorioso río Magdalena, insignia del país y musa de incontables expresiones culturales, alberga a lo largo de sus 1.540 kilómetros numerosas islas fluviales. La mayoría son bienes de uso público e inmuebles de la Nación, casi siempre deshabitados. Sin embargo, una isla en particular ha encendido los reflectores mediáticos locales. El interés de su propietario privado por desarrollar allí un gran equipamiento recreativo (deporte, cultura y entretenimiento) surge ante la evidente ausencia de un escenario de estas condiciones en funcionamiento en el municipio de Neiva.
Aprovechando la indignación colectiva por la inoperancia de las últimas administraciones municipales para desenredar la reconstrucción del Estadio Guillermo Plazas Alcid, la idea de construir un nuevo escenario en la isla cobró fuerza. Este audaz emprendimiento ha despertado una ola tanto de elogios como de profundas críticas. Para comprender la viabilidad real de semejante empresa, la «manzana» debe pelarse hasta llegar al núcleo.........
