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El poder del voto que castiga

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03.03.2026

Por: Johan Steed Ortiz

La indignación social más poderosa no es el insulto en redes, ni el comentario resignado en la tienda, ni la rabia hecha cadena de WhatsApp. La indignación social de verdad está en el tarjetón, está en castigar con el voto a quienes convirtieron la política en una carrera de relevos entre maquinarias, favores y apellidos instalados. La verdadera indignación está en demostrar que el pueblo no es una finca electoral y que Neiva y el Huila no están condenados a obedecer. Aquí, desafortunadamente, hay una escena que se repite tanto, que ya ni siquiera escandaliza a las personas: el alcalde de turno presiona, cambian los afiches, cambian los jingles, cambian los colores, pero la maquinaria sigue siendo la misma.

Por eso, decir que “Casagua salió peor que Gorky” hoy ya no es exagerado, es una realidad. Esa realidad es la que hoy genera molestia en los neivanos, quienes sienten que los mandatarios juegan y se aprovechan de su dignidad, para hacerlos votar por quienes ellos digan.

Y es que, en este caso existen múltiples argumentos muy serios que denuncian públicamente acerca de la posible y descarada participación del alcalde Germán Casagua con un candidato a la cámara. Es tan evidente el tema, que la sede ligada al proyecto político como concejal, como candidato a la alcaldía, sigue funcionando travestida alrededor de la candidatura de Rodrigo Amaya Culma. A eso se suma la presencia constante del círculo más cercano del actual alcalde (el papá como amo y señor de ese espacio, familiares de todo tipo, personas de su entorno, secretarios de despacho y, según denuncias, hasta contratistas de la Alcaldía). Esto ya debería tener a la Procuraduría Regional, con las alarmas encendidas en una ciudad que no aguanta más presiones políticas. 

Además, el propio candidato Culma confesó, en un “fb live”, que hace parte del “Casaguismo”, viéndosele incluso con una llave y esa impronta. Esto no necesita rodeos, esa es una muestra más de que el poder local estaría jugando, otra vez, a escoger heredero con todo lo que eso implica.

El libreto que usa Casagua en esta ocasión es el mismo (o incluso peor) que el de su antecesor: funcionarios que parecen activistas, contratistas que sienten presiones, campañas que reciben oxígeno desde estructuras oficiales y candidaturas que avanzan más por padrinazgo que por propuestas.

Son varias las llamadas de indignación que he recibido, en donde diferentes funcionarios y contratistas denuncian que los tienen presionados para asistir a reuniones, llenar planillas, llevar gente a reuniones y votar por el candidato que sería del alcalde. Una de esas denuncias que recibí recae sobre el director de Talento Humano de Las Ceibas Empresas Públicas de Neiva, quien al parecer tendría una estrategia de presión entregando posibles “paquetes con 10 boletas rojas”, con las que controlarían la asistencia de contratistas y de sus referidos, llenándolos de terror y, al parecer, amenazándolos con la no continuidad de sus contratos, aprovechando su cargo para ejercer autoridad y mando, convirtiendo esta posición en plataforma política.

En el otro extremo está la vieja política que nunca se va, solo se recicla. Flora Perdomo completa 12 años en la Cámara y busca otro periodo más. Esa permanencia no sería problema si el balance regional fuera contundente, transformador, inolvidable. Pero esa no es precisamente la sensación que hoy domina en amplios sectores del Huila. Mientras su discurso vuelve a instalar distintas banderas, muchos ciudadanos se preguntan algo mucho más simple y más duro: después de tanto tiempo y tanto dinero en sus bolsillos tras mensualidades abultadas, ¿qué cambió de verdad para la región? ¿Qué cambió de verdad para Campoalegre, su olvidada tierra? Cómo será de pobre su resultado legislativo, que en la publicidad destaca el apoyo a la creación de la estampilla Pro USCO, la cual se aprobó hace casi 10 años.

Lo triste es que luego todo el mundo se queja: Se quejan del clientelismo, se quejan de las maquinarias, se quejan de los mismos apellidos de siempre, se quejan de congresistas que cobran millones mientras el departamento sigue esperando liderazgo real, pero ninguno castiga verdaderamente con el voto.

A esta clase política hay que empezar a decirle algo con claridad: dejen de subestimar a la gente. No crean que todo se compra con estructura, con puestos, con contratos. Hay una ciudadanía cansada, sí, pero también puede haber una ciudadanía despierta.

Ojalá que esta vez las maquinarias sientan el costo de haber tratado al pueblo como simple trampolín, ojalá esta vez la comodidad del político tradicional se encuentre con la dignidad del votante. Ojalá que esta vez el Huila recuerde que votar también sirve para poner límites.

Casagua, en lugar de mostrar autoridad, obras y resultados para Neiva, ha enviado a su esposa a representarlo en los eventos políticos, utilizando la imagen y la figura de “primera dama”, que resalta en todos los canales institucionales, para hacerse visible, mientras participa activamente en política y posa en tarimas junto a ellos. Lo mismo ocurre con el papá del alcalde, la mamá del alcalde y su suegra que “chantajea a los lideres por el trabajo”, quien posa orgullosa en tarimas junto a políticos.

Si usted como ciudadano reprocha diariamente de la política tradicional, de los “mismos de siempre”, si usted como ciudadano le indigna que usen a los contratistas y jueguen con su comida, su trabajo y sus familias, usted debe castigarlos en las urnas. De lo contrario, queridos lectores, su reproche y su indignación ya no serían ingenuidad, serían complicidad.


© Diario del Huila