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El POT aplazado y la ciudad que paga

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17.03.2026

Por: Johan Steed Ortiz Fernández

Una ciudad no se improvisa. Se administra.

Y cuando no se administra, se desordena, se fragmenta y se vuelve injusta. Eso es exactamente lo que le pasa a Neiva mientras sus dirigentes hablan del Plan de Ordenamiento Territorial como si fuera una promesa eterna de campaña y no una obligación legal, técnica y moral con la ciudad.

Hace años Neiva debió actualizar su POT. Hace años debió tomar decisiones. Hace años debió dejar de reunirse para empezar a resolver. Pero seguimos atrapados en el mismo libreto: diagnósticos, mesas, anuncios, socializaciones y discursos grandilocuentes, mientras la ciudad real continúa creciendo sin dirección, sin equilibrio y sin una visión seria de futuro.

El POT no es un documento decorativo. Es la hoja de ruta que define dónde se vive, cómo se crece, su desarrollo económico, qué se protege, qué se conecta, qué se habilita y también qué se condena. Porque una mala decisión urbanística no dura un titular: dura años, a veces décadas. Y sus costos los pagan casi siempre los mismos: los barrios más olvidados, las familias con menos opciones y los sectores que quedan por fuera del mapa del desarrollo.

Por eso preocupa tanto lo que pasa en Neiva. Desde 2008 hasta hoy se han destinado más de diez mil millones de pesos a procesos relacionados con la actualización y reformulación del POT. En el papel, esa cifra debería reflejar una ciudad ordenada, coherente y estratégicamente pensada. En la realidad, lo que vemos es otra cosa: expansión dispersa, presión sobre áreas ambientales, debilidad de centralidades, sobrecarga del centro tradicional y una ciudad que sigue creciendo hacia afuera mientras desperdicia oportunidades hacia adentro.

Eso no es desarrollo. Eso es desorden administrado.

Hace unos días asistí a una reunión convocada por la administración municipal con gremios en la Cámara de Comercio para socializar la ruta del POT. La expectativa era legítima: conocer avances concretos, fundamentos técnicos y definiciones de modelo de ciudad. Pero lo presentado fue, en esencia, un cronograma y una exposición con más tono de autosuficiencia que de construcción colectiva. Y ahí aparece una preocupación de fondo: el ordenamiento territorial no puede depender de egos, relatos salvadores ni protagonismos personales. Una ciudad no se planifica alrededor de una persona. Se planifica con instituciones fuertes, equipos sólidos y participación real.

Más aún cuando esta administración ya superó los dos años de gobierno y todavía no ofrece razones consistentes para confiar en la calidad de sus decisiones. Gobernar no es administrar titulares ni videos sobredimensionados para redes sociales. Gobernar es priorizar, decidir y ejecutar con sentido de ciudad. Y no, no alcanza con mostrar como gran hito el arreglo de algunas canchas sintéticas, por valioso que eso pueda resultar para ciertos sectores. Neiva necesita mucho más que hechos aislados para equilibrar una balanza que hace rato se inclina hacia la improvisación, falta de planeación, demora y la decepción.

La capital del Huila no puede conformarse con pequeñas vitrinas de gestión mientras posterga sus decisiones de fondo.

Lo paradójico es que en campaña se habló de capacidad técnica propia, de expertos suficientes, de una ciudad preparada para sacar adelante el POT sin mayores costos para los neivanos. Hoy la realidad muestra otra cosa: se aprobó endeudamiento y dentro de ese paquete aparecen recursos para una consultoría millonaria relacionada con la revisión y ajuste del POT. Se pasó del discurso de la autosuficiencia al contrato externo, y aun así Neiva sigue sin claridad, sin certezas y sin resultados tangibles.

Y aquí conviene ser serios: más que escándalos probados sobre el contratista, lo que existe hoy es un ambiente de dudas, exigencias de mayor información y desconfianza política alrededor del proceso. Y eso, en un tema tan delicado, ya es suficientemente grave. Porque el POT no define solo usos del suelo. Define oportunidades. Y cuando se planifica mal, también se discrimina: se favorecen unos sectores sobre otros, se profundizan brechas, se consolidan periferias sin servicios suficientes y se posterga a quienes siempre llegan de últimos al reparto del desarrollo.

Ese es el tamaño real del debate.

Además, Neiva arrastra un problema que ya no admite excusas: cada administración llega a “repensar” la ciudad como si Neiva empezara con ella. Se interrumpen procesos, se redibujan prioridades, se reinventa el lenguaje y se aplaza lo esencial. Pero las ciudades no se ordenan a cuatro años. Se ordenan a generaciones. Por eso el debate no puede reducirse a quién presenta mejores diapositivas o quién habla con más suficiencia en una reunión. El verdadero debate es si Neiva tiene o no una dirigencia capaz de pensar más allá del periodo, del aplauso fácil y del cálculo político.

El POT debe salir del escritorio y entrar en la historia de la ciudad con seriedad, transparencia y visión de largo plazo.

Desde esta columna iniciaremos una serie de reflexiones sobre la revisión y ajuste del POT. Analizaremos la contratación del equipo consultor, la metodología del proceso, los estudios soporte, los tiempos de ejecución y las decisiones urbanísticas que pueden incidir en proyectos estratégicos de ciudad. Paralelamente, haremos uso de los instrumentos legales necesarios para exigir transparencia, participación y control.

Porque cuando el ordenamiento se aplaza, la ciudad no espera: la ciudad paga. Estamos a tiempo, pero mañana es tarde.


© Diario del Huila