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Drones en el campo: ¿ayuda o peligro pa’ nuestra tierra?

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Hoy en día uno ve que la tecnología avanza rapidito, y hasta en el campo llegan cosas que antes ni imaginábamos. Los drones, esos aparatitos que vuelan y sacan fotos o echan cosas, están entrando con fuerza en la agricultura. Pa’ muchos eso suena a progreso, a modernidad, a hacer las cosas más fáciles y rápidas. Pero yo me pregunto, ¿no estaremos jugando con fuego sin darnos cuenta? Porque el campo es vida, es nuestro sustento, y cualquier cambio que afecte el equilibrio natural puede traer problemas que van más allá de lo que vemos a simple vista.

Antes, el campesino aprendía a conversar con la tierra, a saber, cuándo sembrar, cuándo cosechar, y cómo cuidar lo que la naturaleza nos da. Se entendía que cada planta, cada bichito y cada gota de agua tenía su lugar y función. Ahora, con los drones, se quiere meter mano de fuera, usando esas máquinas para esparcir pesticidas, controlar plagas y hasta medir el estado del cultivo con cámaras y sensores. Y aunque suene bien, uno se pone a pensar: ¿qué pasa con ese equilibrio tan delicado que sostiene nuestra vida en el campo?

Uno de los grandes riesgos que veo es que, al usar drones para fumigar desde arriba, sin tocar la tierra directamente, se pueda hacer un uso excesivo de químicos. Como esas nubes de veneno se tiran desde el aire, no solo alcanzan la plaga, sino también otros insectos buenos, aves, y hasta el suelo mismo. Eso puede matar la biodiversidad que es tan importante para el campo. Sin esos bichitos benéficos, la tierra pierde fuerza y salud, y al final el cultivo puede salir más débil y dependiente de químicos cada vez.

Además, el ruido y el movimiento de esos drones alteran la tranquilidad del campo. Los animales, que son parte de ese sistema natural, pueden estresarse o alejarse de sus lugares de refugio. Y sin fauna, la tierra deja de ser fértil como antes. Todo esto lleva a que el campesino tenga que hacer gastos nuevos, comprando más productos para compensar lo que perdió. Y en el peor de los casos, la tierra podría quedar dañada por mucho tiempo, con menos capacidad para dar frutos.

Yo creo que no podemos rechazar la tecnología, porque el mundo cambia y también nosotros debemos adaptarnos. Pero tiene que ser con cuidado, respetando la naturaleza y aprendiendo a usarla para que beneficie y no destruya lo que con tanto esfuerzo hemos cuidado. Por ejemplo, los drones pueden servir para detectar zonas de cultivo con problemas sin necesidad de fumigar todo el terreno, ahorrando químicos y protegiendo lo que está bien. También podrían ayudar a monitorear la lluvia o la sequía, para decidir cuándo sembrar o cómo cuidar mejor el campo.

Como decía mi abuelo, “el campo no es solo tierra, es el corazón que nos alimenta”. Y para que siga latiendo fuerte, tenemos que cuidar todo lo que lo rodea, con paciencia, respeto y amor. Solo así podremos lograr un futuro justo y sano para nosotros y las futuras generaciones de campesinos.


© Diario del Huila