Lluvia de encuestas
Ernesto Cardoso Camacho
Casi siempre se ha dicho en Colombia que las próximas elecciones son las más trascendentes de la historia, en un lenguaje propicio que los políticos han usado para despertar entusiasmo en los ciudadanos y así concurran masivamente a las urnas.
Desde hace varios años, esta sensación de estimular la participación democrática viene siendo motivada por las firmas encuestadoras que pronostican posibles resultados electorales, con los cuales incitan a la especulación sobre los eventuales favoritismos que se convierten en programas de radio, debates, comentarios callejeros y un inusitado insumo para el morbo político que hoy se expresa a través de las diversas redes sociales.
Lo que si es un hecho cierto, es que cada elección democrática permite la expresión ciudadana en el propósito de renovar o confirmar los espacios de poder que siempre son administrados por los partidos y movimientos políticos, muchas veces con resultados poco favorables que contribuyan al bienestar social y al cumplimiento eficaz de los fines del Estado, escenario en el cual el clientelismo, el abuso del poder y la corrupción terminan dominando el juego democrático y por consiguiente el abstencionismo, el desgaste de los actores políticos y la falta de credibilidad y confianza en el sistema electoral.
En este escenario poco alentador es que han alcanzado gran expectativa las encuestas, aunque es necesario precisar que tal expectativa se reduce sustancialmente a lo que han llamado desde Gaitan el “ país político en contraste con el país nacional”, es decir que quienes tanto se interesan por sus resultados son los actores políticos, los analistas y comentaristas, los militantes activos y un escaso margen de ciudadanos que generalmente han acuñado la conocida frase popular de que “las encuestas son como las morcillas pues nadie sabe como las hacen” .
Sin embargo, es necesario precisar que independientemente de las sensaciones que desvelan las encuestas, estas se han convertido en una ciencia auxiliar de la ciencia política, en cuanto aportan insumos muy importantes para que los partidos, ideólogos, estrategas y candidatos puedan medir lo que el posible elector esta sintiendo y pensando, insumos que permiten reiterar o modificar el mensaje con que se pretende conseguir su apoyo.
En estos tiempos de alta agitación ideológica y política en diversos escenarios mundiales, en Colombia estamos padeciendo una polarización enfermiza que se traduce en el ácido enfrentamiento entre los dos extremos ideológicos de izquierda y derecha, donde el llamado centro tiende a sucumbir como opción, precisamente porque la intensidad de la confrontación de los extremos busca eliminar opciones intermedias.
La actual campaña electoral entra en la etapa decisiva. Viene ahora el 8 de marzo la elección de congreso y de las consultas interpartidistas. Este debate democrático terminará en la elección presidencial a dos vueltas tal como lo define la constitución. Es indudable que, por la aguda polarización, la expectativa ciudadana se haya estimulado más de lo normal, hecho que abre el espacio suficiente y adecuado para que las encuestas cumplan su papel que no es otro distinto a recoger como en una foto las sensaciones del posible elector y sus eventuales preferencias por las diversas opciones que se le presentan.
Por ello, viene ahora la lluvia de encuestas anunciadas. Ya conocimos ayer la primera de ellas realizada por Invamer, contratada por Caracol y blu radio, empresas que tienen gran influencia en la opinión. Vendrán luego otras dos ya anunciadas que permitirán cotejar sus características y resultados, sobre las cuales como es natural, habrá diversas interpretaciones. De esta manera los ciudadanos, analistas y comentaristas tendremos suficientes elementos de juicio que nos permitirán observar con mayor rigor el panorama electoral del 8 de marzo y sus eventuales consecuencias.
El elemento electoral de las tres consultas interpartidistas en desarrollo seguramente tendrá gran influencia en los resultados del 8 de marzo, por su indudable influencia en la batalla presidencial, pero también posiblemente en los resultados de congreso, particularmente del senado por ser circunscripción nacional. Los elementos de umbral y cifra repartidora que determinan la asignación de las curules tanto en cámara como en senado serán decisivos para las apuestas de partidos, movimientos y candidatos.
Así las cosas, las encuestas permitirán visualizar eventuales resultados en relación con la posible configuración del congreso, así como el escenario de las consultas que sin duda alguna hacen parte de la estrategia presidencial. La batalla ideológica y política esta centrada entre el gobierno y la oposición. La encuesta de Invamer ha señalado una tendencia, ya veremos si ésta se confirma o si por el contrario se diluye en otros escenarios.
Lo que seguramente debería ocurrir en el cotejo es que se confirme la tendencia señalada por Invamer, por la elemental razón de que las muestras se han recogido durante los últimos 20 días. De no ocurrir así, vendrán las suspicacias que afectarán el rigor científico y estadístico de las firmas encuestadoras, lo que no sería deseable, dado que perderían confianza y credibilidad, pero seguramente incrementarían la incertidumbre de por si ya bastante generalizada.
