La guerra sucia electoral
Ernesto Cardoso Camacho
A medida que se acerca el 31 de mayo, fecha en la cual se desarrollará la primera vuelta electoral que habrá de definir los dos candidatos presidenciales que disputarán la presidencia en la segunda vuelta prevista para el 19 de junio, los colombianos estamos observando el alto grado de degeneración de la política, la cual se revela en la guerra sucia entre las principales campañas que promueven a los tres candidatos que vienen registrando los primeros lugares en intención de voto que señalan las encuestas.
Ivan Cepeda, quien pretende prolongar y acentuar las reformas institucionales promovidas por el presidente Petro; Paloma Valencia quien obtuvo la nominación presidencial por el CD del expresidente Uribe y Abelardo de la Espriella quien se inscribió por firmas promovidas por el movimiento Defensores de la Patria con coaval de Salvación Nacional; son quienes presentan hoy los más altos niveles de favoritismo para alcanzar la presidencia.
El proceso democrático permitió las consultas interpartidistas en las que participaron Cepeda y Paloma, alcanzando cada uno cifras importantes de apoyo popular. Cepeda con cerca de 2.7 millones y Paloma que compitió con otros 8 candidatos, obtuvo 3.2 millones, pero el total de votos en tal consulta ascendió a cerca de 5.2 millones de votos. Por su parte, Abelardo quien no participó en ninguna consulta pero su aspiración la soportó en un poco más de 5 millones de firmas de las cuales la Registraduría avaló cerca del 45%, una cifra cercana a 2.4 millones de firmas.
Planteado así el escenario electoral es evidente que en su desarrollo los tres candidatos más opcionados, se han enfrascado en unas campañas marcadas por la polarización promovida y estimulada desde el gobierno Petro, respondida con vigor por el uribismo representado en las otras dos opciones.
Para nadie es un secreto que tanto Paloma como Abelardo representan cada uno la llamada derecha inspirada en el liderazgo del expresidente Uribe, mientras Fajardo y Claudia López se mueven en la centro izquierda desde luego más cercana a Cepeda.
Visto así el escenario político y electoral, faltando apenas 37 días para el 31 de mayo, es posible realizar algunas apreciaciones con las cuales se llega a la inevitable conclusión, según la cual, el noble ejercicio de la política lo han convertido sus protagonistas en un triste espectáculo de guerra sucia donde no se respetan los mínimos valores de tolerancia democrática, ni se ofrece a los electores las soluciones a los cada vez más graves problemas de nuestra sociedad.
Por otra parte, es lamentable observar como las redes sociales y algunos sectores de la gran prensa hablada y escrita, hacen el papel de caja de resonancia de las agresiones y vituperios que se cruzan entre algunos fanáticos promotores de las tres campañas.
Lo que también se observa con claridad es que el evidente favoritismo de Cepeda respaldado por todas las encuestas, en el sentido que tendría asegurado su tiquete a la segunda vuelta, pues ha registrado niveles de entre 34 y 37.5% de intención de voto; pero que además se soporta en el apoyo descarado del gobierno y en la indudable presión armada de los grupos delincuenciales en diversas zonas del territorio nacional; viene generando una ardua disputa entre las campañas de Paloma y Abelardo, dado que cada uno tiene el deber de buscar el segundo tiquete hacia la disputa presidencial definitiva en la segunda vuelta de junio.
En esta confrontación de los dos candidatos “uribistas” que representan la antinomia de Petro y Cepeda, ha venido ocurriendo un fenómeno político inevitable, el cual se refleja en las encuestas más recientes, hecho que ha colocado al expresidente Uribe en una posición muy difícil de sostener, razón por la cual ha decidido precisar que su candidata es Paloma, aunque respeta la aspiración de Abelardo.
Lo que si es innegable es que tal posición ambivalente del expresidente permitió el desplazamiento de muchos uribistas y aún de militantes del CD, espantados por la escogencia de Oviedo como formula vicepresidencial de Paloma; la que sin duda alguna se sustentó en los 1.2 millones de votos obtenidos por éste en la Consulta de marzo. Pero además, por lo que sin duda ha sido una grave incoherencia ideológica y conceptual del uribismo y del CD, pues no hay duda alguna en que el llamado progresismo ideológico, político y cultural que profesa Oviedo, lo acerca a los linderos del santismo y aún a los del petrismo.
Lo que es innegable es que en las recientes encuestas como la de Atlasintel, Abelardo supera en intención de voto a Paloma, hecho que ha prendido las alarmas en la campaña de Paloma, al punto que, ha recurrido a buscar apoyos en los partidos tradicionales bajo el sofisma de que con ellos conquista la franja del llamado “centro derecha”, estrategia que ya fracasó con Fico en las elecciones del 22.
En este escenario sin duda crítico para la campaña de Paloma es claro que las afirmaciones recientes de sus aliados Galán y Luna, en el sentido que jamás votarían por Abelardo ni por Cepeda; se ha interpretado con razón en las huestes de Abelardo como una contundente agresión a su candidato; hecho que por una parte genera desconfianza ante la eventualidad de que quien pase a segunda vuelta sea Abelardo y no Paloma, y por otra parte, estimula aún más el desplazamiento de uribistas y militantes del CD hacia la campaña de Abelardo.
En estas circunstancias, la guerra sucia entre las tres campañas curiosamente se esta desplazando al llamado “fuego amigo” entre las de Abelardo y Paloma; ante la imperativa necesidad de obtener el tiquete a segunda vuelta para disputarle la presidencia a Cepeda.
Con éste panorama electoral no sería extraño, como ya se observa, que muchos militantes del CD y del uribismo, acudan a la “objeción de conciencia” prevista en la constitución política para desplazarse hacia la candidatura de Abelardo.
