Fanatismo y polarización
Ernesto Cardoso Camacho
El título de la presente columna tiene relación directa con la de la semana pasada que refirió al balotage presidencial.
El esquema institucional de las dos vuelas o balotage viene generando, en esta campaña, un fenómeno político algo curioso. Según como lo han señalado las tendencias anunciadas en las diversas encuestas, el candidato petrista tiene muy alta probabilidad de asegurar su tiquete a segunda vuelta, al punto que muchos de sus fieles seguidores aseguran que ganará desde mayo 31.
Por su parte es evidente que en los candidatos de la derecha, la disputa será a muerte para conseguir el tiquete que les permita competir contra Cepeda en junio.
Lo curioso del asunto es que, en esta campaña presidencial a diferencia de la del 22, la batalla democrática tiene al heredero de Petro enfrentado a la candidata de Uribe, pero también al autsaider de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, quien no niega su cercanía personal e ideológica con el expresidente, pero busca su propio espacio por fuera del Centro Democrático, aunque con amplias simpatías en el uribismo y en otros sectores sociales como los cristianos y creyentes de la Iglesia Católica, así como de quienes , así como de quienes están fatigados con el clientelismo y la corrupción de los políticos tradicionales.
Visto así el escenario, la consulta promovida por el expresidente Uribe que denominó “desde Abelardo hasta Fajardo”, buscaba organizar un frente compacto que desde todas las tendencias confluyeran en un solo candidato, para enfrentar la amenaza del narcoterrorismo representado por Cepeda que venía de obtener cerca de 3 millones de votos en la consulta del PH.
El escenario diseñado se complicó para el expresidente cuando en las elecciones del 8 de marzo, Abelardo obtuvo 4 curules de senado y 6 de cámara obtenidas por el Movimiento de Salvación Nacional, promotor del movimiento Firmes por la Patria que inscribió dicha candidatura con un poco más de 5 millones de firmas, de las cuales la Registraduría avaló un poco más del 40% de ellas. Así mismo con el resultado del PH que logró 25 escaños en el senado y más de 32 en Cámara, mientras el CD alcanzó 17 en senado y 26 en cámara, lejos de la meta de 25 senadores incluido su nombre.
En estas circunstancias, los esfuerzos de la estrategia se centraron en la consulta de Paloma, con la cual se impulsaban las listas de senado y cámara, pero además la apuesta mayor era que Paloma ganara con más de 5 millones de votos totales en la consulta, meta que se cumplió, pero con un resultado inesperado por la votación lograda por Oviedo superior a 1.2 millones de votos, mientras los otros 8 aspirantes no sumaron más de 650 mil entre todos.
La votación de Oviedo obligó a replantear la estrategia en el sentido que ya no sería una coalición de centro derecha si no que hubo de abrirse un poco más hacia la izquierda, dadas las posturas de Oviedo en muchos temas álgidos claramente alternativos a los que ha practicado el CD. Como era previsible, este giro en la estrategia de haber aceptado a Oviedo como fórmula vicepresidencial de Paloma, incrementó las simpatías hacia Abelardo, pues es evidente que muchos militantes del CD prefirieron desplazarse por no haber compartido esa incoherencia programática, alegando cercanía de muchos santistas en la campaña de Oviedo, es decir considerándolo un embuchado o infiltrado.
Pues bien. Faltando ya 6 semanas para la elección de mayo 31, lo que se observa permite señalar que la disputa entre las candidaturas de Paloma y Abelardo escalará a límites impensados, los que de alguna manera explica el reciente video publicado en redes por el expresidente Uribe, en el cual advierte que sería responsabilidad de Abelardo y sus seguidores si ganara Cepeda la presidencia.
Al respecto convendría hacerle una precisión respetuosa al señor Expresidente, en el sentido que su afirmación contiene un tono amenazante y por lo demás, recordarle que la primera agresión entre las dos campañas provino precisamente del vice Oviedo, cuando recién escogido como fórmula afirmó en video ampliamente divulgado “que de ninguna manera votaría por Abelardo”.
En conclusión, el fanatismo uribista que impulsa el expresidente Uribe trasciende la polarización ideológica entre los dos extremos del espectro democrático, hecho que debe tener frotándose las manos a Petro, Cepeda y sus seguidores, al punto que les alimentará el propósito de ganar en primera vuelta.
