Votar diferente no es estar equivocado
Pasaron las elecciones. Una propuesta ganó sobre otra, el margen tan estrecho no permite hablar de una Colombia que eligió con convicción mayoritaria. Fue casi mitad y mitad. Ese dato, antes de leerse como la derrota del perdedor, refleja una realidad que el ganador debe advertir: Colombia no le pertenece a nadie en particular.
El problema no es que ganara uno u otro de los candidatos. El problema sería usar ese resultado tan ajustado para profundizar la fractura en lugar de reconocer lo que dice con claridad: Colombia tiene dos percepciones de la realidad, igualmente numerosas, igualmente legítimas, igualmente dignas de ser comprendidas. Esta columna no pretende indicarle a nadie que votó bien o que votó mal. Intento explicar por qué cada voto, el del ganador y el del perdedor, tiene una razón filosófica y humana que merece ser escuchada antes de ser juzgada.
Baruch Spinoza escribió algo que la política colombiana todavía no ha asimilado del todo: las emociones no son el enemigo de la razón. Son información. Cuando alguien vota con miedo, con esperanza o con rabia, no está traicionando el pensamiento crítico que Carl Sagan reclamaba. Está procesando datos reales sobre su vida, su cuerpo, su historia. El conatus spinoziano, ese impulso vital de perseverar en el ser se activa en la urna de una manera........
