El afán del talonario: cuando el control dobla la ley en Neiva
En materia de tránsito solemos repetir que el que la hace, la paga. La frase imprime tranquilidad porque supone que existe entonces una autoridad atenta e imparcial. Pero basta recorrer Neiva un día cualquiera para comprobar que el dicho se cumple a medias: paga el que es fácil de alcanzar, no necesariamente el que más arriesga su vida y la de los demás. Motociclistas que cruzan semáforos en rojo como si fueran sugerencias decorativas, parrilleros sin casco a plena luz del día por los corredores del centro, carros y camiones estacionados sobre los andenes, despojando al peatón de su espacio. La capital del Huila parece, por momentos, tierra de nadie.
Las cifras confirman que no es una simple percepción. En Colombia, dos de cada tres personas que murieron en las vías en 2025 iban en moto. Hacia septiembre de ese año, el Huila sumaba 185 muertes en siniestros viales, 19 más que en el mismo periodo de 2024, y aparecía como el primer departamento del país en siniestralidad por cada 100.000 habitantes. En Neiva, la Secretaría de Movilidad reportó 41 fallecidos entre enero y junio de este año, frente a 36 en el primer semestre de 2025. Y desde hace tiempo, cerca de tres de cada cuatro muertes en las calles de la ciudad involucran una motocicleta. Detrás de esos números hay una ilegalidad que se normalizó a la vista y paciencia de todos, y que ninguna autoridad puede revertir sola.
Frente a esa ausencia de orden surge, sin embargo, un fenómeno igual de preocupante, porque viene revestido de legalidad: la........
