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Insensatez y decadencia

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07.03.2026

Amadeo González Triviño

Enfrentamientos tendenciosos que solo nos presentan la insensatez y la decadencia de nuestra clase política y la decadencia de los procesos electorales, es la suma de todo esta parafernalia que se ha desatado con ocasión de las denuncias o de las premisas sobre las dudas en el proceso electoral, el cual, hace parte de un proceso histórico en el que hemos estado inmersos hace mucho tiempo y que la vida nada transparente de nuestra “democracia de papel”, ha sido protagonista con reformas o con maquinaciones que constantemente se presentan desde las instituciones encargadas del manejo, control y vigilancia del proceso electoral.

Es sintomático que aún persistan esos procesos electorales dispares, unos que concurren a hacer uso de las posibilidades de llegar al poder, mediante listas cerradas, otros mediante la usual forma de candidaturas abiertas, donde los perfiles de unos y de otros, rompen con la esencia misma de lo que debe ser la disciplina del partido y la guerra intestina en cada grupo o facción que actúa en ambos modelos, es consecuencia directa de la inmadurez y de la forma como no hemos entendido este proceso que debe ser total, unificamos o no, y cerramos las listas o las abrimos al mejor postor.

Nuestro país, de sueños y esperanzas, se desmorona cada día más y más. La polarización intestina que vivimos arrasa con esos proyectos y la forma del manejo que se hace de la cosa pública en la perpetuación de su cuarto de hora, hacen inviables proyectos de largo alcance y frustran toda posibilidad de encontrar ese sendero que nos muestre una sociedad que se construye hacia la convivencia pacífica, hacia el respeto mutuo y hacia la consolidación de los procesos de igualdad y de reconocimiento del otro.

Por lo tanto, este domingo, cuando tenemos que marcar con una cruz a un grupo político o un candidato, es cuando tenemos que asumir las consecuencias de nuestra indiferencia en el conocimiento de las consecuencias que asumimos, quienes logramos derrotar en cierta forma ese mezquino abstencionismo que nos lleva hoy en día, a tener que soportar la influencia de pequeñas minorías que alcanzan el umbral electoral y se toman el poder, por tanto, no podemos exigir en el mañana, otra forma de gobernanza, como se dice actualmente y no se puede direccionar otra conversa hacia la prosperidad social o hacia la igualdad entre los colombianos.

Somos insensatos cuando demandamos unos resultados y no estamos vigilantes y no nos sometemos al escrutinio público de nuestros actos y cuando no denunciamos el nepotismo electoral, cuando utilizamos ese poder que hemos alcanzado, ese respeto que hemos adquirido con el paso del tiempo, para ufanarnos de unos resultados en los que solo está comprometido nuestro éxito o nuestro propio bienestar, y por tanto, en una contienda política, no participar con coherencia entre nuestro ser y nuestro pensar, es una forma de mezquina con el destino de los otros.

Y la decadencia social, es la respuesta, es el resultado al que nos avecinamos, si no aprovechamos esta oportunidad por un voto limpio, por una decisión transparente y por utilizar este momento para dar un paso hacia la transparencia del ejercicio electoral, donde todas las promesas y la forma como se ha manipulado al electorado por parte de la contratación pública o la exigencia de funcionarios y contratistas de que deben colocar diez o veinte votos por sus candidatos impuestos desde los gobiernos regionales que nos asisten, es una forma de entender, que seguimos siendo un país de segunda, con una sociedad que no se repone y que está llamada a fracasar por siempre…


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