Sevilla en rosa
08 de abril 2026 - 03:07
Hoy, segundo miércoles de abril, debe usted saber que se celebra el Día Internacional del Rosa. Lo impulsaron dos estudiantes canadienses al ver cómo un compañero era acosado por llevar una camisa de color rosa. El rosa suele remitir injustamente a la frivolidad y al corazón de los amartelados que se quieren. También remite al ñoñismo caduco (el color de la ropita para la feliz neonata).
He querido celebrar el Día del Rosa con los deberes hechos. Primero, he echado un vistazo al ensayo que el filósofo Björn Vedder ha escrito sobre la cromática materia (Rosa. La magia de un color). Acto seguido, he hecho lo que tenía que hacer: ir a la confitería La Campana y pedir el clásico pastelito milhojas, el popular rosa. De haber conocido el rosa de La Campana seguro que Björn Vedder lo habría incluido entre los 129 tonos de rosa que registra en su libro. El Giotto, como recuerda el autor, usó el preciosísimo tono rosado para las túnicas de Joaquín y el ángel en su fresco para la capilla Scrovegni de Padua (Un ángel anuncia a Joaquín que será padre). Eso sí, no recordaba uno que Gatsby luciera un traje rosa la noche que fue a Nueva York con Daisy y Tom Buchanan. Del rosa Marilyn al rosa Barbie hay decenas de referencias culturales vinculadas al color de la suavidad.
Con el rosa uno evoca inevitablemente las chucherías de la infancia, el pórtico de la caries. Ese chicle Bazoka. Ese erecto Palote. Ese Pantera Rosa. Ese Frigopié. Esas nubes rositas y esponjosas. O esa masilla secreta que uno veía aflorar tras rechupetear con cochino deleite su chupachups Kojak. Y a todo esto, ¿quién ha olvidado sus tardes de púbero junto al rosa Espinete? Recuerdo también que siempre quería que ganara el jockey que lucía su camisola rosa en el turf del Grand National. En fútbol me hice del Palermo siciliano sólo porque vestía de rosa pálido. No me gustan los toros (el Emérito Demérito ayuda poco a cambiar de opinión), pero sí me atrae el rosa palo en un traje de luces. En Semana Santa los diletantes de la cosa hablan del rosa capillita como exorno en los palios de La O, Dulce Nombre, Patrocinio y Subterráneo.
Por el lado depravado, a los viciosos les da por la cocaína rosa. Dicen que uno levita cuando contempla la rosácea floración de los cerezos en el Japón y la de los melocotoneros de Aitona en Lleida. Estoy por volver a La Campana a por otro rosa mientras acabo el libro de Björn Vedder.
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