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Teatralización inmersiva del 844

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19 de abril 2026 - 03:12

Están de moda las recreaciones teatralizadas en monumentos históricos o para conmemorar eventos. En Sevilla tenemos las teatralizadas visitas nocturnas al Alcázar, las rutas por Santa Cruz y Triana o las dedicadas al Siglo de Oro, Carmen y Don Juan. En lo que a conmemoraciones se refiere, tuvimos el Gran Desfile que recorrió la ciudad para recrear las bodas entre Carlos V e Isabel de Portugal.

No es que nuestro gusto por cabalgatas, procesiones ordinarias o extraordinarias, magnas, romerías y otros regocijos nos haya vuelto más locos cariocos –homenajeemos de paso a Conti y al personaje que creó para el Pulgarcito– de lo que ya lo estamos, que es bastante. No, se trata de una moda global. La primera vez que lo vi fue en el Coliseo de Roma, hace muchísimos años, donde unos desahogados vestidos de gladiadores acosaban a los turistas hablándoles en el más puro y desgarrado “romanaccio” hasta que se hacían, previo pago, una foto con ellos. La cosa ha llegado tan lejos que hasta se ofrecen recreaciones –“Living Story”– de la Guerra Civil con sus milicianos, soldados, trincheras y todo. El Gobierno de Aragón, por ejemplo, declaró de interés turístico la recreación que todos los años se hace de la batalla del Ebro “con alrededor de 300 recreacionistas que representan a los combatientes de 1938”, entregándose al final “distinciones a los grupos participantes, así como insignias conmemorativas de la acción representada”. Cariocos.

Por eso es de agradecer que de forma gratuita se nos haya ofrecido una vez más la experiencia inmersiva que recrea lo sucedido en octubre de 844. Naturalmente, como es propio de las teatralizaciones, nada violento o cruento existe, aunque en alguna recreación los aguerridos mozos se metan tanto en sus papeles que se lían a mamporros y silletazos. Se recrean las multitudes abarrotando la ciudad con cánticos eufóricos y rompe tímpanos de auto celebración de los suyos o de insultos y denuesto de los contrarios, los efectos de la ingesta de aquella cerveza que tanto gustaba a los visitantes del 844 y otras bebidas espirituosas o se simulan las quemas y las antorchas con bengalas multicolores. Una experiencia inmersiva, pero que muy inmersiva, de la “visita” de los vikingos a Sevilla que se nos ha regalado este fin de semana.

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