menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La Feria molesta a los rencorosos sociales

5 0
yesterday

22 de abril 2026 - 04:00

El encanto de la Feria es que es la reproducción real de la ciudad en un terreno acotado. Los acomplejados y abonados al rencor social ven clasismo en una fiesta que carece de glamour –por más que algunos intenten buscarlo o recrearlo– y en la que se encuentran casetas mayoritariamente familiares y de entidades muy diversas. Conviven los clubes privados (Aero, Labradores, Pineda y el Mercantil), las peñas deportivas, las hermandades, los partidos políticos (aunque el PSOE perdió la caseta por no renovar a tiempo el título), los sindicatos y otras organizaciones obreras, las peñas culturales, los medios de comunicación, los colegios profesionales, entidades como el Ateneo, asociaciones de muy diverso perfil y, por supuesto, las casetas de los distritos... ¿No es maravillosa la armonía durante una semana en el mismo recinto? No hay clasismo alguno, sino enfoque indebido del que hace el juicio de valor. La inmensa mayoría de casetas se levantan gracias a las cuotas que pagan los particulares durante el año o de golpe un par de meses antes. Hacen el esfuerzo para tener un sitio al que trasladar la casa durante esos días para estar con la familia y con los amigos. Así es la fiesta. No sería la Feria de Sevilla si dejara de ser así. Sería otra cosa. La singularidad está en el carácter propio. Si es molesta o causa rechazo es por el rencor social, no porque la Feria se monte para la búsqueda de una distinción social. La gran prueba son los muy diferentes colectivos que hacen su vida en el real con toda naturalidad. En la misma Feria coinciden aristócratas y sindicalistas en sus respectivas casetas, creyentes y ateos, empresarios y trabajadores, profesionales liberales y obreros, niños y mayores... Quien no quiera verlo es porque pretende que la realidad no le invalide sus teorías cargadas de prejuicios

En la Feria se puede gastar mucho o poco, se puede llegar temprano o tarde, en autobús, taxi o a pie; bailar o no, acudir ya almorzado o comer en una caseta. Lo que no se puede en negar el sello propio de la fiesta, exigir una Feria que no existe o forzar que se organice con los criterios de otras. Se nota demasiado la envidia con que tantos enfocan sus comentarios sobre la Feria. Es recomendable al respecto releer el artículo de José Joaquín León de hace unos días en estas páginas que llevaba por título Odio a Sevilla. “Todo el mundo en general tiene envidia de la Semana Santa y la Feria de Sevilla. Todo el mundo en general se dedica a copiarla. Pero todo el mundo en general no consigue ni que se parezca”. Por eso muchos pretenden denigrarla con argumentos baratos. Aquí conviven todos los públicos. Acaso molesta que se haga con criterios propios.

También te puede interesar

Carlos Navarro Antolín

La Feria molesta a los rencorosos sociales

Los precios de la Feria

Morante, antitaurinos y delitos de odio

Manuel Gregorio González

Culpables del retraso

Revés por el fin de la tregua

El hombre que resucitó a Liberty Valance

El PP le echa un pulso a la Iglesia


© Diario de Sevilla