Lunáticos
12 de abril 2026 - 03:09
Acuenta del garbeo perimetral de la nave de la NASA por nuestro satélite preferido para hacer versos, muchos han mencionado al disco de Pink Floyd The Dark Side of the Moon, que se suele traducir por “la cara oscura de la Luna”, aunque diría uno que “oculta” va mejor que oscura para la traducción. No he visto mención a la canción Brain Damage de ese LP que conservo en vinilo, y que comienza con El lunático está en la hierba; luego, “en mi salón”; otro párrafo más allá, “en mi cabeza”. Como tantas otras cosas, ciertas temáticas, antes artísticas, hoy son consideradas dignas de rechazo, por dar cringe, neologismo de chavaleo para expresar vergüenza ajena o mal rollete. Al caso, Brain Damage es “Daño Cerebral”: nadie aceptaría hoy esa propuesta en las antípodas de Pol la mañana café, pol la talde ron de Bad Bunny. En fin, que a uno le parece lunático querer ir un día a la Luna de turista, que todo se andará o volará. Vaya cringe. Igual, o casi peor, lo de ir en cordada con cientos de congéneres a hacerse unas instantáneas en la cima del Everest, e ir saludando en el trayecto de ida y el de vuelta a cadáveres en perfecto estado de muerte por alud, despeñamiento o congelación.
Pero como todos sabemos, “vivimos del turismo”, hombre por Dios, aunque ya hay muchas ciudades en las que hay plazas enteras en las que no mora indígena alguno. Un exitazo... aparte de una dudosísima certeza acerca del PIB, una trola de parte. Cuéntame los ingresos –y adónde viajan sus rentas– pero también los gastos, y un desglose de cuánto cuesta ese maná con mochila al dinero público local, regional y estatal. Y a chorraditas como el problema de la vivienda; bah, tonterías. Para el lunático terrestre que suscribe, ir no ya en cohete a la Luna para contarlo y “echarle afotos”, y ni siquiera al Everest, sino a Venecia o Praga en permanente estado de escorrentía humana, es perfectamente evitable. Más, si tuviste la oportunidad de pasearlas justo cuando comenzaban a ser falsedad y pastel impagable –por caro–, y de eso hace unos cuarenta años. Por cierto, no conservo ninguna de aquellas fotos pretecnólógicas, de esas que curiosamente duran más que las millones de hechas en móvil. Como lo que acaba por ser “clásico”, que es lo que permanece valioso con el mucho tiempo. Como Pink Floyd. Unos lunáticos de manual. No me los veo yo en la Luna: la Luna estaba en la Tierra.
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