A lo lejos, una lucecita
03 de abril 2026 - 03:08
Es probable que cometa algunos errores en lo que voy a contar, porque hablo de memoria. No lo hago por capricho, sino para reivindicar dos ideas. Lo que quiero demostrar con ambas es lo ya demostrado y comprobado por muchos otros: sólo recordamos los libros que nos gustaron, y dentro de ellos, sólo fragmentos y detalles acopiados de forma peregrina y caprichosa por una mezcla de voluntad y recuerdo y olvido de la que somos espectadores o huéspedes.
Abelardo Linares, campeón de los rescates literarios, exhumador de muertos vivos, buzo del mar de las letras, afirma haber encontrado nuevos relatos del gigante del periodismo español, un sevillano universal llamado Manuel Chaves Nogales. Estos textos no habían sido descubiertos hasta ahora por la sencilla razón de que estaban publicados con otros nombres. Linares asegura que la forma, el fondo y las circunstancias conducen a Chaves Nogales. María Isabel Cintas, que con su tesis doctoral lo sacó primeramente del olvido, niega que sean suyos. Con independencia de quién tenga o no razón, me alegra saber o pensar que podríamos tener nuevos textos del maestro a nuestro alcance, continuadores de A sangre y fuego, un libro monumental e imposible.
¿Qué recuerda mi recuerdo de A sangre y fuego? No lo que recuerden ustedes, puede ser. Creo que había un cuento sobre unos quintacolumnistas, tal vez en Madrid, y uno sobre un tanquista en medio de la nada, asándose de calor entre los hierros, y otro sobre unos caciques a caballo. Los títulos quieren salir: A lo lejos, una lucecita, Bigornia. Y, sobre todo, el prólogo, tan citado por Andrés Trapiello. Pero lo que también se recuerda es una imagen sin imagen y sin nombre, un aire o un matiz, una idea: el tiempo que pasamos leyéndolo, disfrutándolo, adorándolo. En un mundo de lecturas obligadas, esta debería ser una de ellas.
No se recuerda todo de un libro, ni se recuerda bien, pero entre tanta incertidumbre, tanto desvío, sabemos que nuestro corazón no miente. No necesito saber si Linares se equivoca. Linares, como Cintas, como yo, estamos enamorados de los buenos libros. Y sabemos que, como en tantas otras cosas, la mínima promesa de recuperar la felicidad pasada es un motivo suficiente para seguir vivos. Esperando ver, en el horizonte, a lo lejos, la luz de sus ojos grises, tristes y visionarios. Una lucecita.
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