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Los gozos y las sombras (continuación)

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18.03.2026

18 de marzo 2026 - 03:08

Hace cuarenta años Torrente era Gonzalo Torrente Ballester. Ferrolano de nacimiento, académico de la Lengua, en los años ochenta le llegaron todos los honores: en 1982, el Príncipe de Asturias; en 1985, el premio Cervantes; y en 1988, el premio Planeta por su novela Filomeno, a mi pesar. Hay una foto icónica de Juantxu Rodríguez en la que Torrente aparece en la terraza del hotel Doña María, a dos pasos de la Giralda, haciendo un juego de bastones con Jorge Luis Borges. Era septiembre de 1984, la semana que un toro cogió mortalmente a Paquirri en la plaza de Pozoblanco. El gallego y el bonaerense participaban en el Seminario de Literatura Fantástica que organizó la editorial Siruela que dirigía Jacobo, uno de los hijos de la duquesa de Alba.

Hoy nadie asocia a Torrente con Gonzalo Torrente Ballester. El escritor murió a finales de enero de 1999, el año que empieza a emerger un fenómeno ciclópeo del cine español. Ese verano fui con mi suegra al cine de verano de la Alameda a ver Torrente, el brazo tonto de la ley. El divertimento se convirtió en una cosa muy seria. En la jornada de reflexión de las elecciones de Castilla y León, los dos reinos que unificó Fernando III, fuimos a ver Torrente Presidente, la sexta entrega de la saga.

Santiago Segura tenía veinte años cuando le dan a Torrente Ballester el premio Cervantes. Su mayor éxito vino gracias a la emisión por Televisión Española de una serie en la primavera de 1982 basada en una trilogía de novelas que el escritor gallego empezó a publicar en 1957. Torrente Presidente, sin abundar en los cameos, en los divertidísimos cruces de personajes populares y amiguetes, en los tesoros y tesoreros que tiene la película, no deja de ser una continuación de Los gozos y las sombras de su involuntario predecesor.

Las elecciones castellanoleonesas no las ha ganado Mañueco ni Carlos Martínez ni los candidatos de Vox, Unión del Pueblo Leonés, ¡Soria Ya! o Por Ávila. El triunfador por abrumadora mayoría ha sido José Luis Torrente sin más amuletos que un pin del Atleti y los discos de El Fary. Cuando salimos de ver la película, mi mujer y yo mantuvimos una controversia de géneros periodísticos, como si volviéramos a las clases en Cantarranas del profesor Martínez Albertos. A los dos la película nos dejó un sabor agridulce. Para ella, porque se trata de una crítica despiadada pero real de la situación política. Yo la sitúo en el territorio de la crónica. Un esperpento de Valle con trazas de Episodios de Galdós.

Salvo las licencias de los efectos especiales, no se dice nada que no haya ocurrido: las furgonetas, las prostitutas, las Artes Escénicas, las tesis fraudulentas, los asesores. El único pero es que la realidad supera con mucho a la ficción. El partido que gobierna ha tenido o tiene a sus dos últimos secretarios de organización en la cárcel. Cerdán estuvo 142 días, Ábalos cumple hoy su 111 día de presidio. El ex ministro nació en un pueblo valenciano llamado Torrente y Santiago Segura, en Carabanchel. Lo dijo Oscar Wilde: la realidad imita al arte.

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