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Tras la visita de León XIV a España

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24.07.2026

Pasaron los días felices de la visita apostólica a España del papa León XIV, que fueron una bendición. Parecía que España era habitable y hasta un país normal, incluso privilegiado. Había ratos, en que, vistos y oídos por televisión aquel entusiasmo inédito de las gentes, aquella singular belleza de los escenarios, aquellas “divinas palabras” del papa y de los que intercomunicaban con él…, pareciera que estuviéramos en el cielo de Dios. La inmensa mayoría de los comentarios posteriores han sido harto elogiosos para con nuestro ilustre visitante, para nuestra Conferencia Episcopal y para con todos los poderes civiles y miles de voluntarios que contribuyeron al éxito de la visita. Solo unos cuantos “tristes saduceos” (expresión afortunada de Unamuno) se han quejado, desde su vieja y trasnochada teoría vétero liberal, de que la fe haya salido de las sacristías a las plazas públicas, molestando a los “estirados de mi pueblo”. 

Por lo demás, algunos han echado mano a las encuestas, siempre inciertas y volubles, pero imprescindibles, y nos han recordado que si hace unos años éramos los católicos españoles el 90 o el 72% de la población, ahora no pasamos del........

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